RATONES DE HANGAR

Para la Discusión, Divulgación y Conservación del Patrimonio Histórico Aeronáutico Uruguayo e Internacional en Poder de Nuestro País
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MensajePublicado: 11 Jul 2012 17:38 
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Ubicación: Laurentides, Quebec, Canada
An Khe era un lugar problemático con mucha actividad enemiga, pero los otros destinos eran pueblos grandes con fuertes bases, a pesar que ninguno tenia pistas largas, con excepción de las bases grandes en la costa. Dak To había sido eliminado de la lista, ya que implicaría volar demasiado al norte desde Chu Lai, y no nos daría el tiempo para regresar a Phu Cat durante la luz del día. Estaba seguro que la razón de volar primero a Chu Lai era evitar volar sobre una inhóspita zona de Vietnam Central entre esa base y Dak To o Kontum, disminuyendo el riesgo para el general. Saldríamos todavía de noche, durante el comienzo del amanecer náutico, para poder hacer toda la gira VFR diurno, si la meteorología lo permitía.
Ya con esas ordenes definitivas, pude ordenar a los tres helicópteros que regresaran a sus unidades, y que el U-1A se encontrara con nosotros en Chu Lai y Phu Cat, para continuar la asistencia técnica si fuera necesario. Al mismo tiempo disperse el equipo A de fuerzas especiales, ya que no necesitaríamos mas que ese destacamento proveyera seguridad para el general, y los dos UH-1 y el H-34 llevarían los boinas verdes a Nha Trang, un vuelo largísimo en helicóptero. Conseguimos lugares donde dormir y después de cenar y charlar un rato decidimos ir a dormir temprano a descansar y estar listos temprano.
Las acomodaciones para que oficiales en transito durmieran eran amplias y limpias, con aire acondicionado, pero sin mucha personalidad, quizás como una sala de hospital de antaño. Pero las camas tenían colchones mullidos y sabanas limpias y no fue difícil ganar el sueño rápidamente. Mis sargentos mecánicos tenían acomodaciones similares, a pesar de que ellos quedaron despiertos hasta más tarde tomando cerveza y jugando a las cartas en el casino de suboficiales.
Un soldado nos despertó tempranísimo y a pesar de que me había duchado antes de acostarme, volví a ducharme antes de ir al comedor a desayunar opíparamente. No perdí tiempo y llegue a la línea de vuelo media hora antes de la salida prevista, y me puse a revisar mi avión mientras charlaba con Anderson, todo esto bajo la luz de linternas.
Poco después llego un convoy de jeeps escoltados por un par de ellos con ametralladoras .50 montadas. Era el general y su comitiva, acompañados por el Coronel Ladd, jefe del 5to. Grupo. Los aviones estaban prontos y todo el mundo estuvo a bordo sin demora y pusimos en marcha a la hora exacta programada para la salida. Y habíamos probado los motores y sistemas, así que perdimos poco tiempo verificando todo nuevamente antes del despegue, así que tomamos posición en la larga pista y despegamos juntos con Anderson siguiéndome de cerca como era su costumbre. Pusimos rumbo al SW directamente a Kontum donde llegaríamos poco después de una hora después. El vuelo transcurrió normalmente y el general pudo apreciar la belleza del amanecer sobre Vietnam a 9,000 pies de altura sobre una de las partes más montañosas del país, ya que Kontum y Pleiku están en las montañas. Las vistas eran increíbles y el país parecía de lo mas pacifico, a pesar que todos sabíamos que no era así.
El general estaba muy animado y hablamos todo el vuelo. Me hizo muchas preguntas operacionales, las cuales trate de responder inteligentemente, y pasamos un rato ameno, mientras el noble avión avanzaba rápidamente en el aire calmo de aquella madrugada. La pista en Kontum era corta para el Beech, peo no seria problema. Yo acostumbraba llegar allá en el U-1, pero el U-8 requería bastante mas pista. Kontum tenia solo una pista corta, a diferencia de la mayoría de los pueblos principales, los cuales normalmente tenían entre tres y hasta media docena de pistas alrededor. El general era esperado y alguien en tierra nos dio luz verde para aterrizar y tocamos tierra suavemente y frene rápidamente para rodar lo menos posible. Había llovido la noche anterior y la pista de metal estaba resbaladiza, pero no tuvimos problema. Anderson aterrizo inmediatamente atrás mío y paramos a un costado de la pista donde había una comitiva esperando.
La pista en Kontum era típica de lo que uno esperaba en Vietnam, torres de guardia alrededor del perímetro, bunkers y nidos de ametralladoras, la “torre de control” una torre de madera con bolsas de arena alrededor desde donde un par de controladores dirigían el trafico aéreo que era nulo a esa hora. Había unos cuantos helicópteros UH-1 estacionados en el campo y tres o cuatro helicópteros artillados “Cobra.” Una escena de guerra, pero típica de aquella guerra moderna.
El general y su comitiva salieron rápidamente a visitar el pueblo y las instalaciones militares allá, mientras nosotros fuimos hasta el edificio del “aeropuerto” a reportarnos a operaciones y esperar. En la fortificación que era la “Terminal” del aeropuerto había una anciana que servia un fuerte café vietnamita. Todos llevábamos nuestras cantimploras y sacamos la taza de metal en ellas y la viejita nos sirvió café con un cucharón y todos nos miramos, tomando café sin azúcar en nuestras tazas metálicas de cantimplora, en lugar de aquellos afeminados vasos de papel que teníamos en nuestra base, aquí era guerra.
La meseta central y montañas de la parte central de Vietnam en aquella zona, no era muy calurosa, y estaba relativamente templado. El cielo que había estado de un azul impresionante, se comenzó a llenar de nubes cúmulos y estratos bastante rápido, pero no había indicación de que alguna tormenta se aproximara. El general regreso en un par de horas. Yo estaba durmiendo en mi asiento en el avión cuando el ruido de la caravana de jeeps me despertó, y me despabilé y salí afuera del avión para recibir la comitiva. No era necesario saludar militarmente al general u otros oficiales de la comitiva, así que intercambiamos un saludo verbal y yo tome posición a los mandos del U-8. Ni bien subieron mis pasajeros y cerramos la puerta puse en marcha los motores y rodé hasta la pista rápidamente, ya que esta era una de las etapas mas vulnerables al fuego enemigo de nuestros vuelos, y despegue sin mas tramite.
El avión funcionaba notablemente bien y subimos a toda velocidad a nuestro nivel de vuelo que seria 8,000 pies. Nuestro destino en Pleiku era la base Holloway, la mas cercana a la ciudad y con una de las pistas mas largas (de un poco mas de 4,000 pies) y al lado del Campo Hensel, donde estaban estacionadas muchas de las tropas en ese lugar. La pista principal de Pleiku era bastante mas larga y había otra de un tamaño igual a Holloway, las otras eran mas cortas y eran virtualmente helipuertos para el gran numero de helicópteros apostados en aquella ciudad que era un gran centro de actividad bélica norteamericana y donde había un fuerte contingente.
El general salio del avión rápidamente, seguido por su ayudante de campo y el empleado civil del Pentágono, y desaparecieron en jeeps poco después. Era la hora del almuerzo, así que requisamos un jeep con un conductor, un joven soldado aerotransportado, que nos llevo hasta el comedor de oficiales en el Campo Hensel. Allí nos alineamos para ser servidos una comida típica del ejercito, bastante sabrosa, pero en vez de elegir comer spaghetti con albóndigas en una fuerte salsa de tomate, pensando en el largo vuelo a Phu Cat, le pedí al cocinero si no tenia algo mas suave, y amablemente me preparo una hamburguesa con papas fritas que devore rápidamente.
El joven soldado que era nuestro chauffeur había sido invitado a venir al comedor de oficiales y sentarse con nosotros, y devoro su spaghetti con albóndigas rápidamente. El muchacho era de New Jersey y pasta era su comida predilecta, a pesar que la pasta del ejército comparada con la de New Jersey dejaba bastante que desear, pero era comible bajo las circunstancias.
Pleiku era un lugar grande y era posible que el general demorara más de lo esperado, pero regresamos a la pista a tiempo de todas formas, no fuera cosa de que el general tuviera que esperar por nosotros, lo cual hubiese sido pésimo. A pesar de nuestros cálculos el general regreso precisamente a la hora programada y salimos hacia nuestra ultima parada que era el pueblo de An Khe, casi dos tercios del camino a la base de Phu Cat, al lado de la ciudad de An Nhon y no muy lejos de el importante centro de Qui Nhon. An Khe tenía una pista que le llamaban, “el campo de golf,” pero aterrizaríamos en la pista principal que era más larga e igualmente distante del campamento allí. El cielo del área se estaba cubriendo lentamente, ya que un frente caliente se aproximaba, y estaría nublado y lluvioso por los próximos tres días, lo que crearía la situación del “tiempo de Charlie,” ya que la nubosidad favorecía las operaciones enemigas debido a la restricción en operaciones aéreas de combate de nuestra parte y el consiguiente apoyo a nuestras fuerzas bajo ataque. El Beech estaba un poco bajo de combustible pero más que suficiente para alcanzar An Khe y después volar hasta Phu Cat con amplias reservas.
Cuando llegamos a An Khe dimos la vuelta al campo a tres mil pies y en vez de hacer un circuito normal rompimos formación encima de la pista y aterrizamos haciendo un viraje de 180 grados descendiente, al mismo tiempo configurando el avión para aterrizar, disminuyendo la velocidad rápidamente, y después de una final virando todo el tiempo tocamos al comienzo de la pista, que era de buena calidad. A Anderson le gustaba mucho volar en formación y siempre venia pegado atrás mío, coordinando todas sus maniobras con las mías. Ya era más de la media tarde y tendríamos que salir antes del crepúsculo, pero el vuelo a Phu Cat seria corto y no importaba que fuera de noche, ya que era una importante base donde operaban poderosos cazas y cazas bombarderos a reacción de la Infantería de Marina y Fuerza Aérea y la base estaba abierta las 24 horas.
En realidad An Khe era un lugar pequeño y no había mucho para ver, así que era posible que el general no se demoraría mucho mas de una hora visitando el contingente allí. Además había cierto “factor riesgo,” ya que había actividad enemiga y Washington, no quería que su general estuviera expuesto a los peligros de la proximidad del enemigo. El vuelo era bastante fácil hasta ahora, pero las múltiples paradas y esperas lo hacían bastante agobiante, y los pilotos comenzábamos a estar cansados y deseando llegar a Phu Cat. Como anticipado el general fue a hacer su visita y regreso bastante rápido, lo que nos permitió salir con mucho tiempo antes de la puesta del sol y llegar a Phu Cat todavía diurno VFR.
En Phu Cat la Infantería de Marina recibió a nuestro general con una formación de honor y allí había esperando un general de la Infantería de Marina, héroe de la Segunda Guerra Mundial y Corea, (y futuro Comandante de la Infantería de Marina) quien acompaño a nuestro joven general en una recorrida a la base antes de que se embarcara en el C-130 de Forbes AFB en Kansas que había llegado de Saigon. Fui a saludar a mis amigos tripulantes del C-130 de la USAF, quienes habían pasado muy bien en Saigon, pero que tenían ganas de regresar al “mundo” lo antes posible. Exactamente a las 1900 el C-130 despego con el general abordo, quien se despidió calurosamente de nosotros antes de abordar, lo que nos dejo con una excelente impresión de este oficial.
Las cosas en Phu Cat eran diferentes, ya que teníamos que hacer las cosas de la forma de la Infantería de Marina, mas disciplinadas y difíciles, pero decidimos salir de regreso a nuestra base en Tuy Hoa de mañana y descansar allí esa noche. Anderson y su copiloto no tenían razón de volar a Tuy Hoa y el regresaría a Da Nang, mientras yo volaría solo a mi base. Nuestro U-1 estaba allí estacionado, entre los caza-bombarderos de la Infantería de Marina, y al rato encontramos a McCormick en el comedor de oficiales. Los dos mecánicos andaban por allí. La comida fue aceptable y nos asignaron algunos catres en unas carpas de campaña, que por suerte tenían mosquiteros, y como estábamos agotados por la gira con el general, nos fuimos a dormir temprano. Esa noche sucedieron dos cosas que nos interrumpieron el sueño, comenzó a llover y a eso de las 0330 sonó la alarma de ataque, pero no sucedió absolutamente nada. A pesar de los techos relativamente bajos y una llovizna permanente, salimos volando IFR hacia nuestros respectivos destinos, por la mañana y yo llegue a Tuy Hoa sin novedad. Una vez que aterricé y me reporte a operaciones, me esperaba un mensaje de Nha Trang de que me presentara allá a la brevedad posible, así que después de descansar un rato en mi propia carpa, salí hacia Nha Trang en el U-8, volando entre nubes y lluvia todo el tiempo. Pero no habían ningunas condiciones significantes de tormenta eléctrica o turbulencia y solo fue como volar adentro de una taza de leche, buena practica IFR, e hice una aproximación NDB al llegar.
En Tuy Hoa me había duchado por lo menos por media hora para quitarme la tierra roja incrustadas en mis poros y me cambie a la ultima muda de ropa de campaña que tenia limpia, antes de salir hacia Nha Trang. Pero esta vez utilicé mi acostumbrado mono de vuelo en vez de uno de mis “Yarboroughs.” Llegue a Nha Trang temprano pero después de estacionar en la línea de vuelo, un jeep me llevo al edificio de comando del 5to. Grupo, donde el coronel me estaba esperando. Me recibió sin perdida de tiempo y me ordeno que me quedara en Nha Trang unos días para escribir un reporte detallado de la gira del general. Además tendría que regresar el U-8 a MAC-V en Saigon y agrego que también me habían otorgado tres medallas, que me serian colocadas en una ceremonia informal en los próximos días. Una medalla era por completar 50 misiones “de combate,” la otra por la gira “exitosa” del general, otorgada por el propio general, y la otra era una “Cruz de Vuelo Distinguido,” por la buena performance de trabajo de los últimos meses. Agradecí al coronel quien me dio la mano y después de saludarlo militarmente, me retire hacia el casino de oficiales. En realidad no tenia ganas de volar a Saigon aquel mismo día, así que fui asignado mi viejo “escritorio” para preparar el reporte de la gira.
Como no anticipaba hacer una carrera en el Ejercito, no me importaban nada las medallas, ya tenia suficientes, y hubiera preferido unos días de vacaciones en Bangkok, pero estaba seguro de que me darían tiempo libre pronto y quizás hasta pudiera ir de vacaciones a Hawaii. Esta era una guerra maravillosa, con aire acondicionado, medallas fáciles, buena comida, y hasta vacaciones en Bangkok o Hawaii!
El Beech había estado todo cubierto de tierra roja por varios días, pero al haber volado recientemente por la lluvia el avión estaba totalmente limpio, así que no seria necesario lavarlo antes de devolverlo a los meticulosos oficiales del MAC-V en Saigon. Decidí salir por la mañana y si todo iba bien, pasaría la noche de farra en Saigon, con sus legendarios cientos de bares con música americana y mujeres bonitas. Esa noche descanse bien en mis acomodaciones aire-acondicionadas en Nha Trang y al otro día salí para Tan Son Nhut en Saigon, no muy temprano, y después del vuelo de poco mas de una hora sobre una parte interesante de Vietnam aterrice en la enorme base y fui guiado a mi área de estacionamiento por uno de aquellos omnipresentes jeeps “FOLLOW ME.”
El avión no tenia casi ninguna discrepancia que reportar y los mecánicos en la rampa del MAC-V se alegraron de tener nuevamente aquel vistoso U-8. Fui a operaciones a devolver el avión oficialmente y armado con un pase de salida de 48 horas, a pesar de estar todavía vestido con mi mono de vuelo y pistola en el hombre, conseguí trasporte hasta el centro de la ciudad de Saigon, donde saque una habitación con baño privado en un hotelucho no demasiado malo, cerca de la zona de los bares. Como seria ridículo andar por ahí vestido en mi mono de vuelo y botas, antes de salir fui a la tienda (PX) de
la base, donde compre una camisa y unas bermudas Hawaiianas, un par de cómodas sandalias, y medias, que serian mi ropa de salida en Saigon.
La cama del hotel era ridículamente ruidosa, pero descanse un rato antes de cambiarme y salir a cenar comida típica, antes de comenzar a recorrer aquellos ruidosos bares, llenos de mujeres jóvenes, muchas bonitas, y con una atmósfera increíble. Antes de salir había arreglado con el encargado del hotel para poder traer alguna mujer a mi habitación, a pesar de tener que pagar un “pequeño recargo” por el huésped adicional. El costo era ridículamente bajo, así que no me importaba, e incluso le di una buena propina adelantada al consierge y el encargado, para que tuvieran una buena impresión mía. Durante la cena probé varias comidas típicas, algunas demasiado picantes para mi gusto, pero en general fue interesante. Vestido ridiculamentemente Hawaiano, como si fuera un aviso para una compañía de Ananás, camine por las calles de Saigon hacia la zona de bares en las cercanías. Por supuesto que llevaba mi pistola 45 escondida bajo mi camisa, ya que a pesar de todo estábamos en un país en guerra, y quien sabe que peligro acechaba detrás de cada esquina. Tenia mi permiso de 48 horas en el bolsillo en caso de que me parara la Policía Militar a pedir pases, y tenia mi Identificación Militar dentro de una de las medias amarillas debajo de mis sandalias.
Los primeros dos bares estaban llenos de paracaidistas borrachos, amenazadores, y con ganas de empezar alguna pelea, así que salí rápidamente buscando algún lugar mas tranquilo, y con música menos agresiva. Por las calles había docenas de militares norteamericanos y todo tipo de buhoneros y gente vendiendo comida, algunos con pequeños “Hibachis” asando palitos con carnes de dudosa procedencia, y me alarmo mucho, que no hubiera ningún gato ni perro por las calles. Entre en varios bares hasta que encontré uno con un par de chicas que me gustaban y buena música. Estaba casi lleno de militares de casi todas las armas.
Tenia bastante dinero en mi bolsillo, o mas bien dentro de mis medias, la mayoría en “plata de Mickey Mouse,” o sea “Mickey Mouse Money,” que era dinero de las Fuerzas Armadas, que era totalmente aceptable en Vietnam. Una de las chicas detrás del bar me gusto y la invite con un trago, que era relativamente caro, y estoy seguro era solamente te, pero no importaba. Después de un rato ella me invito a ir a un compartimiento privado, donde podaríamos tomar y “charlar” un rato. Ella hablaba ingles bastante bien y era divertida y bonita, así que era buena compañía. Me pregunto que trabajo hacia y le hice señas de que era piloto, y se puso seria y me pregunto si tiraba bombas, y yo le dije que no, que solo volaba carga y pasajeros, y ella se sonrió. La chica era bonita en el estilo oriental, con una cara bonita y dulce, un cabello negro largo y sedoso, y un lindo cuerpo que se adivinaba debajo de su vestido Ao Dai tradicional. Al rato le pregunte si quería salir conmigo por lo menos durante un día y ella me miro sorprendida. Un arreglo tenía que ser acordado con el encargado del bar, un gigoló que posiblemente fuera uno de los dueños, el que me dijo que la chica podía salir después de la media noche, pero que el bar tenía que ser compensado por los tragos que ella no vendería el resto de la noche. Mientras negociaba con el gigoló, me asegure de que mi pistola 45 sobresaliera de mi camisa, y el hombre no paraba de mirarla, mientras yo actuaba medio borracho, a pesar que no tomo y casi nunca me embriago, y como de pesado, pasando la mano sobre la culata de la 45. Después de discutir la compensación, acordamos un precio exorbitante para Saigon, pero casi nada para mí en Dólares, así que le di la plata al hombre y salí con la mujer buscando un taxi, a pesar de que mi hotel quedaba a unas pocas cuadras. Pero estaba fuera de la zona mas iluminada y menos patrullada, donde estaban la mayoría de los bares, y allí era posible ser asaltado por delincuentes que merodeaban la zona y que no tenían nada que ver con la guerra, trabajaban por cuenta propia, asaltando a militares Yankees que se perdían borrachos por ahí y aparecían desplumados, pero sin mas heridas que a veces un fuerte golpe en la cabeza. Pero conseguimos un taxi enseguida, un incomodo y diminuto Renault, que nos llevo hasta el hotel. Sin mas tramite subimos a mi habitación, en la cual había ventiladores de techo y ventanas amplias que daban a una calle siniestra de noche, pero animada durante el día. Ella se desvistió enseguida y pude admirar su cuerpo muy lindo, mientras llenaba una antigua y enorme bañera con agua caliente, para tomar un baño juntos y divertirnos. Puse mi pistola debajo de mi almohada y entramos en la bañera, donde después de lavarnos el uno al otro, ella me dio un largo masaje y al salir de la bañera la seque con una toalla, mientras ella hacia lo mismo conmigo. Ella me besaba dulcemente y fuimos directamente a la ruidosa cama, que ahora era ridículamente divertida.
Pasamos una noche magnifica y a la mañana siguiente, bastante tarde, la convide a ir a desayunar en algún lugar próximo al hotel. Desayuno en Vietnam puede ser liviano con café y bizcochos o panecillos con mantequilla, al estilo francés, o vietnamita con una comida frita en la que predomina el arroz o fideos de arroz, revuelta en un wok. Ella comió un desayuno vietnamita, mientras yo pedí café y pastelitos. Yo no sabía hasta que punto la comprometía caminando conmigo por allí, ya que después de todo yo era el enemigo, y acostándose conmigo, ella era en realidad una “colaboracionista,” así que en vez de recorrer la ciudad regresamos al hotel. Esa noche salimos a pie a comer cerca, era todavía temprano y había bastante gente por ahí, así que el peligro de ser asaltados era mínimo y además yo llevaba mi fiel Colt 45 en la cintura, cargada, lista para trabajar. Podíamos haber pedido que comida fuera entregada en el hotel, pero era una buena forma de ser envenenado, ya que por estar en guerra tenia que estar alerta y prevenido, ropa civil o no. Ella parecía mucho mas tranquila estando sola conmigo, que cuando estaba en el bar bajo la mirada del encargado, pero no quise hacer ninguna pregunta. En realidad su compañía era de lo mas agradable, aparte de la obvia parte sensual, así que decidí ir hasta el bar para “comprar” otra noche conmigo, ya que mi pase me permitía estar fuera de la base hasta las 0700 de la mañana siguiente. El encargado del bar trato de ser simpático conmigo, ya que tengo un tamaño amenazador y sabia que tenia mi 45 debajo de la camisa, así que transamos un menor precio que la noche anterior, que en realidad era razonable en Dólares. Esperaba que ella llevara una comisión, a pesar de que yo le regalaría una suma considerable de dinero, ya que tenia muchísimo dinero ahorrado y poco en que gastarlo en Vietnam.
Regrese rápido al hotel donde ella se había quedado dormida. Era una tarde tranquila, a pesar de la cacofonía de autos y gritos de gentes que entraba por la ventana. Esa noche cenamos tranquilos y pasamos el resto de la noche en aquel paraíso, donde los amantes pasan sus noches de pasión, y me olvide completamente de la guerra, hasta que muy temprano de la mañana oímos una fuerte explosión que nos sobresalto. Poco después oímos algunas sirenas, pero no había mucha actividad en las calles, y no sabíamos de qué se trataba. De todas formas tenia que salir inmediatamente hacia la base, ya que si
llegaba tarde podía ser reportado como AWOL, o sea “Ausente Durante Una Licencia,” y multado y quizás puesto bajo guardia de arresto. Quería acompañarla a casa, pero era mejor que se quedara durmiendo en el hotel por la mañana y le hice un muy buen regalo de dinero, que la puso muy contenta y me beso dulcemente. Me pidió que la visitara cuando viniera a Saigon y prometí que lo haría sin duda.
Pude conseguir un taxi, que era un Renault clásico, y salimos a toda velocidad hacia una de las entradas de la enorme base de Tan Son Nhut, donde llegue justo a tiempo. Estaba pasando muy bien en Saigon, pero tendría que regresar a Nha Trang aquel mismo día, así que después de cambiarme, fui a tratar de conseguir lugar en algún vuelo de regreso. Como todavía tenía órdenes abiertas del comandante del Grupo, operaciones me consiguió lugar en un vuelo a Nha Trang por la tarde y después de almorzar, recogí mis pertenencias, que eran un bolsón con ropa y mi valija de vuelo, y un jeep me llevo al costado de la base donde embarcaban los aviones de transportes.
Trate de averiguar de la explosión que se oyó en Saigon temprano esa mañana, que había sido fuertísimo, pero nadie sabia nada, y todo estaba normal en la ciudad. El avión que nos llevaría a Nha Trang seria uno de los fieles cuadrimotores Douglas C-118 a pistón.
Un caballo de trabajo de la USAF muy popular, ya que tenia asientos de aerolínea y era relativamente rápido en las cortas distancias dentro de Vietnam y a Tailandia, donde hacían un puente aéreo llevando y trayendo personal militar de vacaciones a Bangkok.
Los otros vuelos de vacaciones eran cumplidos por aviones DC-8 y Boeing 707 fletados de conocidas aerolíneas norteamericanas. El gasto de la guerra era increíble y solo un país como los Estados Unidos era capaz de aguantarlo, pero a cuenta de que?
Espera en la Terminal para el embarque del transporte, junto a un numero de soldados, algunos boinas verdes que regresaban a Nha Trang después de vacaciones quien sabe donde, el destino mas popular siendo Bangkok para los solteros y Hawaii para los casados, donde la mayoría pasaban segundas “lunas de miel” en aquellas islas paradisíacas. Un poco antes de la hora prevista de salida, el cuadrimotor llego ruidosamente a la rampa, y después de cargar combustible, los pasajeros a Nha Trang fuimos llamados por unos parlantes y embarcamos rápidamente. Yo estaba uniformado en mi mono de vuelo verde, con botas de salto y mi boina verde, lo que llamaba la atención, ya que los Oficiales Especialistas Aviadores boinas verdes, eran raros en aquella época. Llevaba mi pistola en mi bolso de mano y al poco rato despegábamos en el vuelo de solo unas 150 Millas Náuticas, unos 45 minutos de vuelo en el C-118.
En el corto vuelo hasta nos ofrecieron café, agua, y refrescos, siendo los asistentes de cabinas soldados del aire de lo mas amables. Podía haber pedido viajar en el asiento auxiliar de la cabina de mando, a discreción del comandante de la aeronave, pero estaba sumergido en mis pensamientos y cómodo en mi asiento, así que descanse un rato, mirando por la ventana de vez en cuando, observando aquel paisaje tan conocido.
El vuelo fue rápido y aterrizamos en Nha Trang con el ruido repentina de las hélices en reversa para frenar y el avión salio de la pista rápido y rodó hasta la Terminal de pasajeros. Una vez desembarcado, un jeep me llevo al comando del 5to. Grupo, donde me presente. Mi jeep todavía estaba parado donde lo había dejado en la línea de vuelo, así que camine hasta allá y por suerte todavía estaba allí, los asientos mojados por las lluvias de los días pasados. Lo lleve adonde tenia la capota guardada y la hice instalar, ya que el tiempo continuaba lluvioso y era incomodo andar descubierto. La capota hacia una gran diferencia, y no entraba nada de agua cuando estaba todo cerrado, y la visibilidad era buena a través de las ventanas de Mica.
No tenia ganas de ir al pueblo y fui al casino de oficiales a cenar una hamburguesa con queso con una cerveza y mirar televisión. Había terminado mi reporte escrito de la gira con el general y lo presentaría a la mañana siguiente. La lavandería de la base tenía uno de mis uniformes de campaña Yarborough limpio y planchado y lo retire para poder ir a ver al coronel impecablemente vestido, además era posible que fuera adjudicado las medallas el día siguiente.
La noche transcurrió tranquila a pesar de algunas bengalas en el medio de la noche y unos tiros de algún sentinela nervioso que vio alguna sombra en el perímetro de la base, alarmando a todo el mundo, pero sin que la alarma general de la base sonara. Me levante temprano un poco somnoliento y todavía un poco cansado de mi experiencia en Saigon, pero me vestí impecablemente y salí en el jeep al edificio del comando, usando hasta el pañuelo camuflado reglamentario en mi uniforme de campo.
Cuando llegue a la oficina del comandante un asistente me informo que mis medallas serian adjudicadas aquel día en una breve ceremonia mas tarde de la mañana y fui a desayunar mientras esperaba. Me presente un poco antes de la hora anticipada y espere con otros recipientes de medallas en un área detrás del edificio, listos para formar debidamente cuando fuera la hora. Una Guardia de Honor de boinas verdes formo delante de nosotros y un capitán, “bajo armas,” nos hizo alinear debidamente.
El coronel y varios asistentes llegaron y hasta había un fotógrafo, registrando el momento, y después de un breve discurso, el coronel procedió a entregarnos las medallas, poniéndolas en nuestro pecho, uno por uno. Cuando paro enfrente mío y se sonrió y me dijo, “Buen trabajo, Mister. Muy buen trabajo, te las mereces.” Después de intercambiar un apretón de manos, salude al coronel militarmente, quien continuo entregando medallas a otros. Cuando la ceremonia termino, fuimos invitados a almorzar al comedor de oficiales, donde habían preparado costillas de cerdo, preparadas al mejor estilo sureño, y que eran absolutamente deliciosas. El coronel y su sequito vinieron a almorzar con nosotros y disfrutamos la comilona como si fuéramos una gran familia, que en realidad éramos la gente de las Fuerzas especiales. También fui informado que había sido beneficiado con un pase libre de siete días, lo que me permitiría ir por lo menos a Bangkok si deseaba, ya que Hawaii era demasiado lejos y solo podría disfrutar de unos pocos días allá, descontando el largo viaje de ida y vuelta. Así que decidí ir a Bangkok, donde había la promesa de grandes aventuras, y toda la cerveza, mujeres, y farra que deseara.


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