RATONES DE HANGAR

Para la Discusión, Divulgación y Conservación del Patrimonio Histórico Aeronáutico Uruguayo e Internacional en Poder de Nuestro País
Fecha actual 22 Abr 2019 07:52

Todos los horarios son UTC-03:00




Nuevo tema  Responder al tema  [ 2 mensajes ] 
Autor Mensaje
MensajePublicado: 11 Jul 2012 16:30 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 28 Ago 2009 11:52
Mensajes: 566
Ubicación: Laurentides, Quebec, Canada
Tendría que volar a Tan Son Nhut en Saigon a buscar el otro U-8 de MAC-V (Comando de Asesoramiento Militar-Vietnam) pero no quería ir en el L-19 y tenerlo que dejar allá, así que conseguí pasaje en un C-130 temprano del día siguiente y me quedaría en Nha Trang esa noche.
Conseguí un uniforme de campaña limpio pero sin ningún distintivo o insignia más que mis alas de aviador, las de paracaidista y de mi rango, que de lejos parecía la insignia de un teniente. El uniforme de campaña me daba más autoridad ya que muchas veces la gente que estaba en “operaciones especiales” no llevaban muchas insignias pero eran “pesos pesados” y todo el mundo les dejaba camino libre. Fui hasta el Cessna y guarde mis botas y ropas usadas en el interior. No había traído absolutamente nada más que lo que llevaba en mi maletín de vuelo habitualmente y que era un par adicional de calzoncillos y de medias, una maquina de afeitar con una lata de espuma y un aerosol de desodorante. Fui al PX (Post Exchange o supermercado) de la base y compre varias cosas que necesitaría.
Trabaje en la oficina todo la tarde preparando la logística aérea de la gira del general y supe que también venia con el un civil que era asistente de un senador en Washington, lo que complicaba las cosas un poco. MAC-V también asignaría un fotógrafo y otra persona para acompañar la gira, así que busque un avión más grande para acomodar por lo menos cinco o seis pasajeros. Estaba también el factor de la distancia de pista requerida para operar un avión de esa índole. Lo mejor seria viajar en el U-1 que podía acomodar por lo menos una docena de pasajeros y operar en pistas ultra-cortas, pero el General tenía la restricción de no poder volar en aviones monomotores en Vietnam a menos que fuera un helicóptero a turbina. De todas formas volaría a Saigon al otro día para recoger el U-8 allá y traerlo a Nha Trang. Esa noche cene muy bien en compañía de varios oficiales del comando del 5to. Grupo de Fuerzas Especiales y después de comer unos helados, fui al cine de la base donde vi dos buenas películas mientras comía Pop Corn y tomaba refrescos. Pensé que si pasaba un mes en Nha Trang me iba a poner gordo. Mis acomodaciones en la base, era una cómoda habitación con aire acondicionado y dos camas, muy lejos de semi calurosa carpa en Tuy Hoa. Me desperté temprano y después de asearme y desayunar un jeep me llevo hasta el lugar de embarque. El C-130 todavía no había llegado pero apareció un poco después y aterrizo. Cuando llego a la rampa por lo menos 30 Boinas Verdes bajaron, todos necesitando un baño y con aspecto de haber estado en combate la noche anterior. Era una de las Fuerzas Mike que reforzaban campamentos en peligro. Un par de los hombres estaban vendados, así que a menos que fueran victimas de algún accidente, era seguro que habían visto combate. Un par de camiones estaban esperando por los soldados y nosotros subimos al C-130.
El sargento jefe de tripulación vio mis alas de aviador y me llevo a la cabina donde me presente al piloto del avión, que era un joven capitán de la USAF, quien me invito amablemente que viajara en el asiento auxiliar en la cabina de mando, desde donde pude disfrutar toda la operación del increíble avión.
Paramos en Bien Hoa, que es casi un suburbio de Saigon, y ni siquiera paramos los motores para cargar y descargar y después de otro vuelo de diez minutos aterrizamos en Tan Son Nhut y paramos en la rampa de MAC-V. Me despedí de la simpática tripulación del Hércules y decidí caminar hasta operaciones, donde pregunte el lugar donde estaba estacionado en Beech U-8 en la enorme base. Una vez encontrado también indague por algún Beech U- que estuviera disponible, pero ninguno fue encontrado, así que llene un plan de vuelo y un jeep me llevo hasta el U-8. En vez de estar pintado en un verde oliva como los U-8 en Tuy Hoa este avión estaba pintado en colores llamativos como si fuera uno en Alemania o Estados Unidos, evidentemente la maquina había llegado al país recientemente y todavía no había sido pintado “a guerra.” Pero no importaba, el avión estaba como nuevo, mejor todavía que los que había volado en Alemania. Había un guardia armado vigilando el rincón de la rampa donde el U-8 estaba estacionado con varios otros, y un sargento de mantenimiento me confirmo que el avión era muy bueno y en excelentes condiciones. Los tanques de combustibles estaban llenos, así que solo tuve que activar el avión, hacer la revisión de pre-vuelo, y después de poner en marcha un jeep con el cartel “Sígame” (“Follow me”) me guió por un laberinto de rampas de estacionamiento y corrales de concreto para proteger los aviones hasta un taxiway principal donde entre en contacto con el control de tierra y me dieron instrucciones de rodar a la pista de despegue. Tan Son Nhut era el principal aeropuerto y base aérea del país y el trafico siempre era intenso, así que me junte a la cola de aviones esperando turno para despegar y dos veces el control de tierra me pidió que hiciera lugar en el taxiway para dejar pasar una escuadrilla de caza-bombarderos cargados de bombas y cohetes y rodando a la pista muy apurados. Varios de los pilotos de los cazas me saludaron con la mano al pasar rápidamente y en mi mente les desee buena suerte. Estaba caluroso pero mantuve la puerta del Beech cerrada hasta que fue mi turno de despegar, la torre me apresuro, ya que había varios aviones en pierna final y despegue sin más tramite, entrando a la pista tomando velocidad y aumentando rápidamente la potencia. El Beech corrió un poco y despego con ganas de volar. La torre me pidió que me mantuviera a baja altura para que unos aviones más rápidos pudieran pasar por encima de mí. La vista de la ciudad de Saigon era buenísima y volé hacia la costa por encima de unos suburbios esperando no atraer algún tipo de fuego enemigo ya que esas eran “zonas hostiles.” El U-8 era buenísimo y todo funcionaba bien. Era una linda mañana a pesar de ser un poco brumosa por el calor reinante y la evaporación. Una vez sobre la costa fui instruido a seguir la costa a unas 5 millas mar adentro. Pase cerca de todo tipo de embarcaciones, lanchas patrulleras, buques mercantes chicos y grandes y un sinnúmero de buques de guerra, la mayoría norteamericanos, navegando amenazadoramente a lo largo de la costa.
Las playas todo a lo largo de la costa de Vietnam son increíbles y pensé que un día quizás Vietnam se convirtiera en un paraíso turístico. Fue un vuelo memorable y llegue a mi base con el avión llamadamente pintado, que sin duda atrajo la atención de mucha gente, inclusive espías enemigos en la base o cerca de ella, pero realmente no importaba. El otro U-8 no había llegado de Da Nang todavía, y después de pasar por operaciones fui a mi carpa a preparar mis ropas y hacer una valija, ya que partiría a Nha Trang y sus cuartos aire acondicionados, ni bien llegara el otro avión. Prepare todo rápido y estaba pronto en la línea de vuelo cuando llego el U-8 de Da Nang y salude a mi amigo Anderson, que bajo del avión preguntando donde estaba las cerveza y las chicas.
Le di la mala noticia de que saldríamos de inmediato hacia Nha Trang en formación. A Anderson les gustaban las fiestas mucho mas que a mi y sabia que iba a ser una gira interesante.
Al poco rato pusimos en marcha y rodamos rápidamente a la pista uno atrás del otro y después de verificar los sistemas nos posicionamos en la pista en formación y despegamos como nos habían enseñado en Ft. Rucker y fue divertido. Mi amigo actuó de líder de formación y yo lo seguí de cerca, tratando de mantenerme fuera de la turbulencia de sus hélices y a una distancia prudente pero elegantemente cerca. Volamos a Nha Trang por la costa y mi amigo Mike se encargo de todas las comunicaciones con tierra. Una vez sobre Nha Trang hicimos un aterrizaje militar sobrevolando la vertical del campo y virando a pierna inicial uno atrás del otro para aterrizar. Una vez en tierra fuimos directamente a nuestra rampa y estacionamos y cerramos los aviones. Mi amigo era dos grados superior que yo, pero yo era el supervisor de la misión y por consiguiente estaba bajo mis órdenes, lo que me ponía en una posición incomoda. Pero éramos buenos amigos y no importaba quien llevaba las barras. Caminamos hasta operación donde me reporte y de inmediato trate de conseguir un jeep para movilizarnos por la base y poder ir al pueblo.
El General ya había llegado al país pero pasaría un par de días en Saigon en diversas conferencias con MAC-V y me preguntaba si recibiría paga adicional de combate. Por mi lado yo recibía mucha paga adicional, por ser paracaidista, piloto, por estar en Vietnam, por “tarea peligrosa” y varias otras cosas mas, así que mi cheque mensual era mas del doble de lo que recibiría en los Estados Unidos y mucho mas de lo que ganaba en Alemania, lo que me daba mucho dinero adicional que podía gastar o tratar de ahorrar. Fue a otra parte de la base y un sargento trato de darme una historia de porque no había ningún jeep disponible, pero le mostré mis ordenes y me consiguió un jeep M115 de inmediato. Mike ya estaba acomodado en mi habitación que compartiríamos. El coronel me mando un itinerario de la gira del General y yo programe los vuelos de acuerdo. Los dos helicópteros Huey UH-1 estaban en Da Nang y nuestra gira comenzaría por la parte norte del país, generalmente la más peligrosa.
La gira iba a ser interesantísima, la parte norte del país o el Cuerpo I (“I o Eye Corps”) era dominado por la Infantería de Marina, pero la multitud de campos de las Fuerzas Especiales comenzaban justo al borde la Zona Desmilitarizada (DMZ) en el extremo norte de Vietnam del Sur y llegaban hasta el mismo extremo sur del país. Era físicamente imposible visitar todos los campamentos de los Boinas Verdes y el Pentágona solo había elegido una docena o más de campamentos representativos de la situación bélica en varios sectores del país.
Así que de Da Nang y después Dong Ha, visitaríamos Ca Lu y May Loc., en las cercanías de la DMZ, donde recibían bombardeos de artillería enemiga a diario. Desde allí seguiriamos a Khe Sahn. En Khe Sahn la artillería intercambiaba fuego con artillería enemiga y franco tiradores a diario y seria un lugar interesante, nuestra visita seria precedida por un intenso ataque aéreo en los lugares donde el enemigo se escondía habitualmente. Desde Khe Sahn visitaríamos un par de las docenas de campamentos de Boinas Verdes en el área entre A Luoi y A Shau, áreas peligrosísimas, y despues las capitales de distrito de Kontum y Pleiku. De allí continuaríamos la gira hacia el sur nuevamente por la “zona prohibida” de la frontera con Camboya.
El coronel me envió órdenes de encargarme de la seguridad y protección del General durante la gira, excepto durante la estadía en bases y campamentos, donde los comandantes de las respectivas bases estarían a cargo. Una vez recibidas las órdenes organicé de inmediato un destacamento de seguridad, consistente de doce boinas verdes de la Fuerza Mike en Nha Trang, que irían fuertemente armados y se moverían en los helicópteros UH-1. Para llevar al General quería localizar a uno de los pilotos legendarios de las Fuerzas Especiales en Vietnam, Momphret, pero estaba de vacaciones, así que elegí otros buenos pilotos de helicóptero para la misión.
“Chinelas de ducha” tampoco estaba en Vietnam, este era otro legendario piloto que solo usaba chinelas de ducha para volar, pero estaba en Estados Unidos y pensé si todavía usaba chinelas de lluvia para volar por allá. El destacamento “A” de las Fuerzas especiales es de doce hombres comandados por un capitán y un teniente, de forma que conseguí otro UH-1 para llevar todos los boinas verdes. El grupo llegaría unas horas adelante nuestro para evaluar la situación, y darnos la “luz verde” para llevar el general allí.
Fui hasta el edificio del cuartel general y hable con el coronel unos minutos, quien aprobó el plan y me dijo que era muy bueno. Recibí otra orden firmada por el coronel, lo que me daba “carta blanca” para poder realizar la operación a mi manera.
En realidad lo ideal hubiera sido que nosotros hiciéramos la gira de antemano, para familiarizarnos con las bases y campamentos que serian visitados por los “botones dorados,” pero no era posible dado la premura de la operación. Yo estaba seguro de que se trataba de una visita “sorpresa” planeada por Washington, y que el 5to. Grupo de Fuerzas especiales no había tenido ningún aviso previo de la inspección.
De todas formas un helicóptero con seis Boinas Verdes “guardias de seguridad” salio en la tarde y pararía en dos o tres bases antes de llegar a pernoctar en Dong Ha y al otro Dia recorrería los campos rápidamente para regresar a Nha Trang durante la próxima noche. El resto del “Equipo A,” que seria nuestra seguridad permaneció en la base.
Ya era casi de noche pero me duche rápido y después de comer alguna cosa mi amigo Anderson y yo salimos en el jeep hacia la zona de los bares linderos a la base a tomar un par de cervezas y ver si encontrábamos alguna chica relativamente bella en la manera del país. A pesar de las ordenes vigentes llevamos nuestras carabinas CAR-15 y nadie nos dijo absolutamente nada. Mi amigo era solamente un Jefe Oficial Especialista Aviador 3, pero no era Boina Verde paracaidista también, pero no importaba. Nha Trang era un mundo de boinas verdes debido a que el Cuartel General del Grupo se encontraba allí, y además del “Equipo C,” había varios contingentes de “Fuerzas Mike” en la base. La zona de los bares estaba animada pero en lugar de los soldados borrachos y festivos de siempre todo el mundo andaba armado y serio y la parranda era tranquila. Era una gran diferencia la madurez de los soldados y oficiales de las Fuerzas Especiales, comparados con el resto de las unidades. A pesar que muchos de los civiles estaban serios, nos sentíamos relativamente seguros en el pueblo, y la base estaba bien cerca.
No nos quedamos demasiado tarde, nuestro pase era solo hasta la medianoche, y después de una baño con unas chicas y recibir un buen masaje de lo mas terapéutico, paramos la consumición de cerveza y regresamos a la base, recogiendo en una calle un trío de boinas verdes que también tenían que estar de regreso temprano.
Me acosté de inmediato y me quede dormido en mi catre completamente vestido y soñando con el calido sol de California y mi ex-novia allá.
Al otro día un sargento me despertó demasiado temprano para decirme que el coronel me quería ver a las 1000. Me quede un rato mas en mi catre y después de una buena ducha y desayuno fui a mi oficina improvisada en el edificio del Comando. Había recibido un mensaje desde Dong Ha del destacamento de seguridad que andaba en el helicóptero Huey y todo estaba bien, ya habían salido a la parte más peligrosa de su inspección y esperaban estar de vuelta de tardecita si todo estaba bien. Unos minutos antes de la hora indicada subí a la oficina del Comandante y su Sargento Mayor me anuncio. Tuve que esperar unos minutos, pero al rato el Coronel me hizo entrar y me recibió afablemente.
La conversación fue corta y me dijo que el “General” llegaría esa tarde y que yo seria parte de la comitiva de recepción. Todo el mundo usaría uniformes de campaña, pero limpios y almidonados. Yo había ordenado que todos los vehículos, aviones y helicópteros que serian usados para la gira fueran limpiados totalmente y todo su equipo revisado. Regrese a mi carpa y me cerciore de que tenía por lo menos un par de uniformes de campaña impecablemente limpios y almidonados y que mis botas de salto estuvieran bien lustradas. Mi boina verde ahora ostentaba el prestigioso escudo del 5to. Grupo, en lugar del escudo rojo del 7mo. Grupo, que tenía originalmente cuando llegue al país. Todos mis uniformes también tenían la insignia de MAC-V en el lado derecho del pecho y en el hombro derecho, con las insignias de las Fuerzas Especiales en el hombro izquierdo y en el pecho llevaba mis alas de aviador encima de mis alas de paracaidista. Decidí que llevar una pistola 45 en la cintura seria mas dramático que recibir a la comitiva desarmado como un oficinista, así que me puse el cinturón WEB con la 45 en la canana y la bolsita con dos cargadores adicionales. Ahora estaba “bajo armas” así que no seria necesario quitarme mi sombrero al entrar a cualquier edificio, debiendo permanecer “cubierto.” Le dije a mi ayudante Anderson, tres grados superior a mi, de que también fuera armado, y agregue, “todo es un show.”
En la tardecita, la hora más calurosa del día, con un calor que superaba la marca de los 100 Grados Fahrenheit, aterrizo un C-130 trayendo al dichoso General y su comitiva de Washington. Alineados en la rampa estaba toda la plana mayor del 5to. Grupo y algunos oficiales superiores de MAC-V y hasta había una banda tocando marchas militares. Nosotros los peoncitos, estábamos a un lado de los numerosos oficiales superiores, pero formados impecablemente y con una gran apariencia profesional.
Al estacionar el ruidoso turbohélice la rampa bajo y caminaron afuera del avión el general vestido de campaña con un sequito de coroneles, capitanes y tenientillos, de los cuales uno solo era un capitán boina verde muy condecorado, los demás gente de Washington que quizas nunca habían visto combate. Nuestro destacamento estaba bajo armas, lo que estoy seguro causo una buena impresión, ya que después de todo estábamos en el campo de batalla de una guerra no convencional. Un tiempo después el coronel me lo menciono al pasar, de que la había gustado que mi destacamento estuviera bajo armas. A continuación los oficiales fueron al edificio del comando donde se reunieron con los comandantes de nuestro Grupo. Yo permanecí en mi “oficina” esperando ser llamado.
Ya entrada la noche todos los oficiales superiores vinieron al comedor a cenar mientras nosotros ya estábamos allí y cuando entraron se dio la voz y todo el mundo se paro en “atención” momentáneamente, hasta que el general dio la orden de que “siguiéramos como estábamos” y continuamos cenando.
Pero tuve la oportunidad de ver de cerca al General de tres estrellas, un hombre bastante joven y aparentemente simpático. Cruzamos la mirada un par de veces, pero yo baje la vista como era debido, sin intercambiar miradas o gestos amistosos. Nuestro jefe hablaba animadamente con el general y su comitiva, y parecía que estábamos en el Country Club de Fort Myers en Washington, más que en una base importante en un teatro de guerra. La atmósfera se volvió informal y fui llamado por mi coronel para presentarme al general, quien me miro con interés y me dio un fuerte apretón de manos, seguido por mi despedida con un saludo militar que fue correspondido. Una vez terminada la breve presentación salí del comedor rápidamente perdiéndome entre las carpas que eran nuestro alojamiento y fui a recostarme en mi catre, a pesar de que no me cambie de ropa en caso de que fuera llamado por el comandante. El helicóptero con el destacamento de reconocimiento había llegado ya de noche y fui a encontrarme con el oficial a su cargo, antes de que se hiciera demasiado tarde. El capitan me dio un reporte verbal y uno por escrito. Como había anticipado el coronel me mando buscar y fui enseguida a su oficina. La conversación fue breve y después que confirme que todo estaba listo para comenzar la gira por la mañana, el coronel me dijo, que debido a mi bajo rango, ya que tenia que comandar una fuerza considerable que incluía unos cuantos oficiales superiores, pondría al coronel venido de Washington al mando, con la condición que el consultaría conmigo, siendo yo el experto en aviación y seguridad, antes de dar ninguna orden. El coronel me despidió con una sonrisa y me deseo suerte en la gira y agrego que tuviéramos cuidado. La situación táctica estaba tensa en ese momento y varios de los campamentos habían sufrido ataques en las últimas 48 horas o estaban esperándolo inminentemente, lo cual complicaba la seguridad del general, pero estábamos en guerra y la gira de inspección era muy importante. Después de leer los últimos reportes y verificar el estado del tiempo, fui a mi carpa donde me quede dormido enseguida, tratando de descansar lo más posible.
Esa noche no hubo ninguna alerta y dormí profundamente, a pesar de estar un poco inquieto por la perspectiva de la importante y relativamente peligrosa misión. Me despertaron tempranísimo y cuando fui a desayunar, la mayoría de mis pilotos estaban en el comedor, charlando con un número de los oficiales que estaban de visita desde Washington. En vez de mi habitual desayuno, que a veces consistía en “steak and eggs,” comí solamente un sándwich de huevo y carne de cerdo y después de una taza de café, fui en el jeep hasta la línea de vuelo con mi amigo Anderson, quien seria el piloto del segundo U-8. Los mecánicos ya estaban trabajando en la línea de vuelo y note que estaban mejor vestidos que de costumbre, usando monos de trabajo, en lugar de sus habituales sucias camisetas y shorts verdes, y bandanas sujetando el pelo. Todos querían dar una buena impresión al general, pero la imagen no era real, yo opinaba que era mejor que la gente de Washington viera como las cosas eran realmente en Vietnam, no una actuación de Holywood. Por mi parte subí cuatro carabinas CAR-15 adicionales a mi avión, para darle al general la idea de que estábamos en un teatro de guerra, y que si caíamos al enemigo no le importaba cuantas estrellas llevaba en sus hombros. O quizás si, ya que seria un prisionero muy valioso.
Los dos helicópteros Huey UH-1 y el U-1 cargado con los pertrechos de la fuerza de seguridad salieron para Da Nang, mientras el destacamento de boinas verdes y yo esperabamos por la comitiva, ya que viajaríamos hasta Da Nang en el C-130 del general. Un copiloto salio para Da Nang en mi U-8, mientras Anderson lo siguió en el otro. Yo hubiera preferido ir en mi propio avión, pero esa era mi orden y me uní a la comitiva cuando llegaron a abordar el C-130. Me presente al coronel a cargo y subimos rápidamente al turbohélice y poco después estábamos despegando y virando enseguida hacia el norte. Los helicópteros y aviones a mi cargo llegarían a Da Nang después de nosotros y esperaba que el general estuviera entretenido en aquella base un rato para tener tiempo de recibir las aeronaves y estar listos para salir. Vietnam es un país relativamente pequeño y las distancias cortas, así que llegamos a Da Nang un rato después. Durante el vuelo tuvo oportunidad de sentarme en la cabina de mando del Hércules y hablar con la tripulación de la USAF, que eran muy profesionales, a pesar de ser todos reservistas de la Base Aérea de Forbes (Forbes AFB) en Kansas, haciendo su gira de trabajo por Vietnam. El avión estaba todavía pintado en el gris típico de la Fuerza Aérea, mientras la mayoría de los C-130 que trabajaban en Vietnam, estaban pintados de camuflado de selva, como la mayoría de los otros aviones. Nuestros aviones del Ejército estaban pintados de verde oliva, con algunas excepciones. Los tripulantes del C-130 eran todos jóvenes y de lo más simpáticos y nos hicimos amigos durante el vuelo. Era un lindo día lindo sobre la costa de Vietnam y el vuelo fue fascinante. Pero era solo el comienzo de la gira.
Aterrizamos en la base mas grande del norte de Vietnam y rodamos hasta la rampa de transito. A diferencia de la recepción en Nha Trang, no había ninguna banda o comitiva esperando, solamente el comandante de la base y un jeep con una ametralladora .50. Los dos U-8, dos helicópteros UH-1, y el De Havilland U-1 todavía no habían llegado, pero poco después los dos U-8 aterrizaron en sucesión y vinieron hasta la rampa donde estaba parado el Hércules. El general y su comitiva habían ido en una rápida gira de la base, mientras yo había quedado en la rampa esperando mis aeronaves. Los pilotos salieron de los aviones y enseguida vino un camión de combustible a rellenar los tanques. El U-1 aterrizo un rato después seguido por los dos UH-1. Los helicópteros llegaron mas tarde. En Da Nang un helicóptero Sikorsky H-34 se unió a nuestro destacamento, y mas adelante dos helicópteros artillados se unirían a nosotros para proveer protección adicional durante la gira. A pesar de la enorme promoción que tenían los helicópteros Bell UH-1, de los cuales habían varios miles operando en Vietnam, y eran una de las imágenes mas características de la guerra, preferí utilizar el Sikorsky como helicóptero principal. A pesar de lo planeado, el general demoraría más tiempo que lo planeado en Da Nang, así que decidí enviar los aviones a Dong Ha adelante nuestro y la comitiva continuaría en el C-130, que después de dejarnos en Dong Ha regresaría a Saigon. Todas las aeronaves salieron de inmediato para la base de la Infantería de Marina poco más al norte de Da Nang. El general regreso al rato y subimos al Hércules casi repitiendo nuestra salida de Tuy Hoa, sentándonos en nuestros lugares anteriores, yo en un asiento auxiliar de la cabina de mando de nuevo, charlando con los tripulantes.
Despegamos de Da Nang enseguida y volamos a baja altura sobre el Mar de la China y tuvimos una vista muy buena de la parte norte del país, la Zona Desmilitarizada y Vietnam del Norte un poco más allá. El tiempo continuaba bueno, pero en la parte mas norte del país había un humo amenazador subiendo de diferentes lugares, y por el color no se trataba de los lugareños quemando maleza, o cocinando su arroz y cabezas de pescado, mas bien eran lugares donde algo estaba pasando, fuego de artillería, bombardeos aéreos, quien sabe. Los pilotos del C-130 se pusieron serios y nuestra charla se redujo a un mínimo mientras descendíamos para aterrizar en Dong Ha.
El C-130 había sido reabastecido en Da Nang y continuaría viaje a Saigon de inmediato. Los reservistas de Kansas, no querían tomar ninguna chance con su avión y su propia seguridad, a pesar de que cosas malas también pasaban en Saigon, pero con menos frecuencia que en el norte del país.
Nos aproximamos sobre el mar y en final larga nos informaron de que había un avión incendiado al costado de la pista, pero igual fuimos autorizados a aterrizar con precaución. Podíamos ver el humo negro y cierta actividad al costado de la pista, y yo dije en el intercomunicador, impropiamente y fuera de lugar, pero con el humor negro característico de la época, “No estas mas en Kansas, Toto,” que es una línea de la película, “El Mago de Oz.” Nadie dijo nada y aterrizamos cortísimo, saliendo de la pista rápidamente para seguir un jeep “Follow me” por el taxiway. Cuando paramos en la rampa, mis aviones y helicópteros estaban todos allí esperando y las tripulaciones descansando alrededor de los aviones, algunos pilotos jugando a la pelota bajo el fuerte sol de Vietnam y no muy lejor del avion incendiado. Ni bien pararon las hélices del Hércules me despedí de la tripulación de la USAF y baje por la puerta de pasajeros delante de la comitiva y prácticamente corrí hasta donde estaban las aeronaves a mi cargo. Parece que el avión incendiado había tenido un accidente en la pista, pero sin fatalidades. Los pilotos se alegraron de verme y les pregunte si habían almorzado. Habían comido sándwiches y café, y les dije que teníamos tiempo de almorzar, a menos que el general decidiera salir de inmediato. Hable con el coronel a cargo y me dijo que el general visitaria la base por un buen rato, así que podíamos ir a comer algo rápidamente. Es la consigna del soldado comer, dormir, e ir al baño mientras pueda, ya que nunca se sabe lo que podía pasar mas tarde.
Caminamos hasta el comedor de oficiales donde nos sirvieron una comida rápida pero muy aceptable y regresamos a la línea de vuelo sin demorarnos. El C-130 había salido de inmediato e imagine que ya estaba a mitad de camino a Saigon y mentalmente les desee suerte a los buenos muchachos de Kansas y que pudieran divertirse bastante en los bares y clubes nocturnos de la capital. Un par de mis mecánicos había venido en el U-1 y ayudaron a preparar los aviones para salir en la gira. En mi avión vendría el general, que se sentaría al lado mío en el frente, mientras un coronel y un capitán se sentarían en la parte trasera. El U-8 tenía en realidad cinco lugares, ya que además de los dos asientos de los pilotos tenia un amplio asiento de tres lugares atrás, pero para comodidad del general solo se sentarían dos personas atrás. Los tres helicópteros, incluyendo el Sikorsky, salieron para nuestro primer destino llevando a nuestro destacamento de seguridad. Los dos helicópteros artillados se unirían a ellos en vuelo desde una base cercana. El U-1 quedaría en Dong Ha por si se necesitaban sus servicios, ya que los dos mecánicos tenían una enorme caja de herramientas y varias piezas de repuesto abordo.
Al rato el general y su comitiva llegaron en varios vehículos y yo me pare al lado de mi avión. Salude al general y le dije que tendría que subir al avión antes que el para poderme sentar a los mandos y el general me respondió que ahora estábamos en el “campo” y que la cortesía militar debía ser mínima y que mas bien éramos dos soldados, aunque el llevara las tres estrellas. Yo le respondí, “si señor,” y subí al avión. El otro avión, comandado por Anderson llevaba cuatro pasajeros y en el mío, además del general y un coronel venia un observador civil de Washington. Trate de hacer las cosas lo mas cómodas posibles y al poco rato despegamos casi juntos con el otro U-8 pero no en formación y pusimos rumbo directo a nuestro primer destino que seria Ca Lu, cerca de la Zona Desmilitarizada.
Era una pista “caliente” así que usaríamos nuestro procedimiento de aproximación y aterrizaje bajo fuego. Estaba en contacto por radio con Anderson y su avión volaba a solo un par de cientos de metros adelante nuestro y mantuvimos una altura considerable para un vuelo bastante corto. El general quería ver las cercanías de la temible “Zona Desmilitarizada” desde el aire, así que subimos todavía un poco mas y sobrevolamos la zona lindera a la frontera norte de Vietnam del Sur, una línea imaginaria y arbitraria que dividía el país en dos, separando amigos y familias, en la paranoia de la “guerra fría,” y “el efecto de domino,” de conquista comunista del Sudeste de Asia.
El general miraba aquella área con binoculares y yo daba vueltas para un lado y el otro, para que tuviera una mejor visión al bajar un ala o la otra. El otro U-8 había continuado a nuestro destino y era posible que ya estuviera en tierra en la pista de tierra de Ca Lu. Después de un rato mas dando vueltas cerca de la DMZ, el general me hizo señas de “pulgar arriba” y puse rumbo a Ca Lu de inmediato. Al llegar sobrevolé el campo a 3,000 pies y a toda velocidad y vi que todos los aviones y helicópteros de nuestra comitiva ya estaban en tierra y que los dos helicópteros artillados estaban dando vueltas alrededor de la pista, posiblemente esperando que aterrizáramos. Hice un viraje rápido de 180 Grados mientras disminuía la velocidad y configure el avión para aterrizar. Vine alto y al llegar a la posición adecuada baje la nariz y baje rápidamente con todos los Flaps despegados y toque tierra mismo al comienzo de la corta y polvorienta pista de aquel lugar olvidado por Dios. Ni bien frene, salí de la pista rápidamente, parando donde estaban alineados las otras aeronaves. Pensé que éramos un blanco estupendo para los morteros de nuestro enemigo, pero el general salio del avión rápidamente cuando apague los motores, y yo mismo baje a tierra para coordinar mis operaciones.
Desde allí continuaríamos en helicópteros, así que le pedí a Anderson que el y su copiloto llevaran los dos U-8 a Khe Sahn, donde nos encontraríamos mas tarde. En el campamento había un despliegue grande de poderío de fuego y había docenas de soldados norteamericanos y vietnamitas detrás de morteros y fusiles sin retrocesos, y en nidos de ametralladoras livianas y pesadas. Uno de los helicópteros artillados aterrizo cerca nuestro para ser reabastecido, mientras el otro continuaba circulando el campo, vigilantemente. El ruido y la polvareda eran impresionantes, pero me acerque a la cabina del helicóptero para hablar con el piloto. Estuvieron listos en pocos minutos y despegaron de inmediato, a la vez que el otro helicóptero artillado aterrizaba para reabastecer también.
El general visito la base rápidamente y a su regreso a la pista, subimos a nuestros tres helicópteros y despegamos con rumbo a Mai Loc que quedaba cerca, y que era una de las bases de fuego más próximas a la temida “Zona Desmilitarizada” (DMZ). Pensando que el helicóptero UH-1 a turbina fuera más confiable que el Sikorsky H-34 a pistón, subí con el general y su coronel asistente a uno de los UH-1, y ni bien estuvimos adentro despegamos rápidamente con rumbo al NE sobre un par de cerros entre nosotros y nuestro destino. Los cinco helicópteros volamos en formación, con el Sikorsky siguiéndonos a corta distancia y los artilleros en las puertas de nuestros helicópteros atentos y listos detrás de sus ametralladoras calibre 7.62mm M-60. Subimos como a cuatro mil pies y ni bien tuvimos la pista de Mai Loc a la vista descendimos para aterrizar sin perder ningún tiempo. El helicóptero con la guardia de boinas verdes aterrizo primero, como planeado, y detrás aterrizamos nosotros, siendo recibidos por un contingente de boinas verdes comandados por un capitán.
Todos los boinas verdes parecían que no habían dormido por una semana, pero recibieron al general afablemente, mientras el Sikorsky aterrizaba ruidosamente detrás de nosotros y los dos helicópteros artillados daban vueltas sobre nuestra posición. El general salio de inmediato en el jeep manejado por el capitán comandante del campamento, entrando en el perímetro seguro de la base, mientras la comitiva seguía a pie. Un boina verde vino y me dijo que era mejor que esperara en un pequeño bunker cerca de la pista, ya que había actividad de francotiradores, y no perdí tiempo en ponerme a salvo detrás de las bolsas de arena de la fortificación. Por supuesto que llevaba mi carabina CAR-15 en la mano todo el tiempo. El bunker era un puesto de observación y había varios soldados de guardia allí y un teléfono de campo que conectaba al puesto de comando del campamento. La vista desde el bunker, que estaba más elevado que la pista, era excelente y vi que el lugar era de lo más inhóspito. Por todos lados se veían pozos que yo suponía eran impactos de artillería enemiga, y la pista tenia numerosos pozos rellenos de tierra, y pensé que por suerte habíamos llegado en helicópteros.
Nuestra visita había sido precedida de un bombardeo de artillería pesada, desde alguna base de fuego cercana, con blanco a los escondrijos conocidos del enemigo, desde los cuales acostumbraban a hostigar a la base periódicamente con fuego de morteros, cohetes, y franco-tiradores, sin contar la colocación de minas y trampas en los lugares por los que tenían que pasar las patrullas provenientes del campamento, en un juego de gato y ratón, el gato siendo las fuerzas norteamericanas. Las colinas cercanas todavía estaban humeando del fuerte bombardeo de esa mañana, en beneficio del ilustre general visitante de Washington. Pero una vez terminado el bombardeo, “Charlie”-el enemigo-salía de sus túneles y madrigueras y comenzaba su fuego de franco-tirador y morteros repentinos, con los boinas verdes entretenidos en cazar al escurridizo enemigo con su fuego de contra franco-tirador y silenciosos morteros. Era un verdadero deporte, pero muy mortal, y la base estaba expuesta a fuego de artillería proveniente del otro lado de la frontera, mas allá de la Zona Desmilitarizada, donde los Estados Unidos raramente bombardeaban.
Con todo esto en mente, charle un rato con los boinas verdes y sus ayudantes vietnamitas de guardia en el puesto de observación, hasta que vi el jeep venir a toda velocidad y corrí hasta el UH-1 para salir rápidamente de aquel maldito campamento, donde la muerte se podía oler. El helicóptero estaba listo y le hice una seña al piloto que pusiera en marcha la turbina y el general bajo del jeep y subió abordo de inmediato y ni bien todo el mundo estuvo abordo el helicóptero voló un poco a baja altura y subió vertiginosamente sobre una colina, teniendo que hacer un viraje a baja altura para esquivar otro promontorio. Dejamos atrás aquel miserable lugar y los artilleros vigilaban con sus ametralladoras mientras subíamos sobre aquella parte montañosa del país en rumbo a Khe Sahn, pasando nuevamente cerca de Ca Lu y al NW de Dong Ha.
Llegamos alto sobre la base de fuego metida entre unos altos cerros y una vez sobre ella la escuadrilla de helicópteros descendió a toda velocidad, algo que no era para los débiles de estomago, pero el general no dio ningún síntoma de incomodidad, a pesar que uno de los artilleros, con parte de su cuerpo fuera del helicóptero, y yo nos miramos, y detecte una sonrisa su cara. Aterrizamos segundos en fila, y los dos helicópteros artillados dando vueltas sobre los cerros de la zona, lo cual era innecesario, ya que Khe San era una fuerte base de fuego de artillería y había poderos cañones todo alrededor de la polvorienta pista de aterrizaje.
Yo ya estaba acostumbrado, pero la escena era irreal pero típica de la guerra, helicópteros aterrizando ruidosamente en una polvareda de tierra roja, que nos cubría de pies a cabeza, un sol rojizo calcinante, y gente armada corriendo alrededor de nuestros helicópteros. Salude al general y baje del helicóptero. A un costado de la pista estaban estacionados nuestros dos fieles Beechcraft U-8, junto a un par de otros aviones de transporte, y mis pilotos estaban cerca de sus aviones haciéndome señas de que llegara hasta ellos y cruce la pista corriendo ya que se acercaba un C-123 a aterrizar.
Los cerros estaban relativamente distantes, pero todo alrededor de la base, así que el peligro en Khe Sahn era fuego de morteros y cohetes B-2 del enemigo, más que los franco-tiradores, y yo estaba de lo más impaciente por salir de aquel “tazón” entre los cerros, y sacar aquel general a mi cargo, del maldito lugar.
Un radio operador boina verde vino a traerme un mensaje, nuestro próximo destino el campamento en A Luia estaba bajo ataque y como A Shau estaba próximo, decidí que era mas prudente regresar a Da Nang a pasar la noche y esperar allá noticias de la situación de aquellas bases. Hable con el coronel asistente del general y le sugerí que seria mas cómodo para el oficial superior viajar en mi avión, en lugar de tener que hacer un vuelo largo en un helicóptero, además quizás seria mas seguro. La decisión fue tomada en un instante y corrí a preparar el avión. El general vino caminando lentamente y charlando con el comandante de la base, como si estuvieran jugando al golf en Virginia. Quizás una demostración de confianza de las defensas de Khe Sahn.
Recibí al general parado en el ala en la entrada del U-8. Como estábamos en el “campo,” no era necesario saludar militarmente, costumbre que evita que cualquier enemigo observando determine quien es el soldado de más rango, así que salude al general verbalmente. El oficial estaba de buen humor a pesar del viento que levantaba una nube de tierra rojiza, la cual nos cubría a todos de pies a cabeza, y una vez que me senté a los controles y sus asistentes se acomodaron en el asiento trasero, el general entro al avión y se sentó a mi lado. Dijo fuertemente, para beneficio de todos abordo, “que lugar miserable!” Pero yo ya lo sabía. Anderson ya estaba en el otro U-8 con el motor en marcha, y nos comunicamos por radio, ya que el me seguiría esta vez y el general me pidió que sobrevolara un par de campamentos de boinas verdes al oeste de Khe Sahn y pasara sobre un bolsillo de la frontera con Laos al sur de la base, donde justamente era el área de mayor concentración enemiga en la zona. Para eso subiríamos a 8,000 pies, lo que nos mantendría a salvo de fuego enemigo de armas ligeras y quizás ametralladoras, pero no de los cañones y misiles anti-aéreos con los que contaba el enemigo. Pero el general estaba al tanto del peligro y decidió tomar aquel riesgo calculado, para en alguna forma participar en la guerra, en vez de estar sentado en un escritorio en el Pentágono.
Despegamos enseguida con Anderson atrás nuestro y después se volar en subida hacia el norte, viramos hacia el SW para sobrevolar los dos campamentos de las fuerzas especiales que estaban en gran peligro de ataque desde Laos. Se estimaba que había un gran contingente de tropas enemigas por toda esa región, en el “bolsillo” en la frontera y en el lado de Laos, pero nada era visible desde el aire, ya que nuestro enemigo era muy bueno usando camuflaje. El general observaba el paisaje con interés a través de binoculares y dimos un par de vueltas sobre el “bolsillo,” llegando a la frontera con Laos y a esa parte del “Sendero de Ho Chi Minh.” Anderson nos seguía en su avión con el resto de la comitiva, pero los helicópteros con el “Equipo” de boinas verdes habían salido directamente hacia Da Nang.
Al poner rumbo directo a Da Nang cruzamos la frontera sobre la parte de Laos que se internaba dentro del territorio de Vietnam del Sur, saliente donde se creía que había un fuerte contingente enemigo, integrado por las duras tropas regulares de Vietnam del Norte y armados hasta los dientes. Pero el general no parecía nervioso o incomodo, e inclusive me pregunto,”Ustedes hacen esto todos los días?,” yo respondí,”Si, General señor, muchas veces dos veces por día y de noche también.” “Y no tienen miedo?’ “Si, mi general, a veces, si, pero después de todo es nuestro trabajo y alguien tiene que hacerlo.” El general sacudió la cabeza afirmativamente y continúo mirando por los binoculares.
El vuelo transcurrió sin percances hasta que llegamos a la base de Da Nang, una de las mas grandes del país y dimos la vuelta para entrar en el circuito de trafico y aterrizar, Anderson siempre atrás mío casi en formación, y para impresionar un poco al general sobrevolamos las pista a 1,500 pies y en la mitad viramos para entrar en el circuito y una vez en base bajamos en tres de aterrizaje y flaps e hice el aterrizaje mas suave de mi vida. El general me pregunto, “ya estamos en tierra? Ni lo sentí.” Yo me sonreí.
En la rampa había varios jeeps y distinguí que el comandante de nuestro 5to. Grupo de Fuerzas Especiales estaba parado allí y aparentemente había venido de Nha Trang a encontrarnos. Una vez que estacionamos y paramos los motores, abrí la puerta y el general bajo de inmediato, no sin antes saludarme y decirme, “Muy buen vuelo, Mister. Muchas gracias y nos vemos mas tarde.” Yo devolví el saludo y espere que salieran del avión los otros dos oficiales del asiento trasero, con quienes también intercambie un saludo militar.
Anderson ya estaba en la rampa y nos saludamos con un golpe mutuo en las palmas de la mano. Me pregunto, “Tiempo para cerveza?” Yo le dije, “ vamos a ver que esta pasando, ya que el jefe esta aquí.” El general y su comitiva subieron en jeeps y desaparecieron dentro de la extensa base. Los helicópteros estaban estacionados allí, pero ninguno de los tripulantes estaba a la vista y los dos helicópteros artillados habían desaparecido, posiblemente “trabajando” en algún otro lugar. No teníamos más alternativa que ir a operaciones y tratar de ir a comer algo mientras tuviéramos tiempo. Un jeep nos llevo a operaciones y le pedí al conductor que nos espera mientras registrábamos la llegada. Solo llevo unos minutos que también aproveche para revisar el estado y pronostico del tiempo, que continuaba caluroso y con tormentas aisladas, lo que era normal.
No había ninguna orden o mensaje para nosotros en operaciones y fuimos hasta el comedor de oficiales, donde nos encontramos con el general, nuestro jefe del 5to. Grupo y toda la comitiva almorzando tranquilamente. El general nos hizo señas de que nos uniéramos al grupo y nuestro jefe sonreía, así que nos acercamos prudentemente con nuestras bandejas de comida y nos sentamos a un costado de la comitiva. El coronel jefe del grupo nos hizo una seña de “pulgares arriba,” que respondí con un gesto de asentimiento con la cabeza y una media sonrisa.
Uno de los coroneles sentado a mi lado me dijo en voz baja, “la gira esta suspendida, ordenes de Washington. Quizás demasiado peligroso para el general andar por ahí.” Yo hice un gesto de entendimiento y pensé que serian muy mala propaganda los titulares, “avión derribado en Vietnam con general de Washington,” o “General aniquilado en bombardeo a campamento de Fuerzas Especiales en Vietnam.” El grupo de “Botones Dorados” parecía de lo más animado y alegre, y note que todos tenían por lo menos una cerveza cada uno, mientras nosotros tomábamos algún jugo indescriptible.
El destacamento “A” de seguridad entero estaba sentado a un lado comiendo el excelente almuerzo de carne asada silenciosamente, disciplinado y sin demostración de emoción. El amistoso teniente coronel de Washington, continuo, “pero estamos autorizados a visitar Dak To, Kontum, Pleiku y An Khe, así que me imagino que tendrá órdenes dentro de un rato para programar el vuelo.” Respondí, Muchas gracias, Coronel.” Todas las ciudades mencionadas eran pueblos importantes con bases considerables en la parte central de Vietnam, y a pesar de que no estaban inmunes a ataques y sabotaje, eran lugares mucho más seguros que los campos de fuerzas especiales que estaban en medio de la lucha diaria.
El almuerzo llevo mas tiempo que normalmente, pero decidimos no retirarnos hasta que los oficiales lo hicieran y en eso llego el Teniente McCormick, mi discípulo en el De Havilland U-1A, que había llegado con el avión y los mecánicos desde Da Nang, ya que tenia ordenes mías de seguirnos por los bases principales para tener apoyo técnico con nuestros aviones y helicópteros. McCormick miro nuestra comitiva tímidamente, pero nuestro jefe vio que era uno de los pilotos e hizo señas para que se sentara con nuestro enorme grupo. El teniente vino sonriente y nos dimos la mano antes de sentarse junto a nosotros. Cuando terminaron de comer y charlar, los oficiales superiores se levantaron y salieron con su comitiva, mientras nosotros nos paramos como un resorte a la voz de “Atención,” dada por uno de los oficiales, y esperamos que todos salieran del comedor. Nos quedamos un buen rato en aquel lugar aire-acondicionado y quedamos de lo más satisfechos y letárgicos con la comida buena y abundante del comedor. Le pregunte a uno de los cocineros si siempre cocinaban así, y el sargento me hizo una seña muy cómica de que la comida había sido especial para el general, la cual me hizo reír fuerte.
Un sargento vino a buscarme para informarme que mi presencia era requerida en el comando de la base y fui con el hasta allí en su jeep. Un capitán aviador tenia ordenes para mi y mi contingente especial. Pasaríamos la noche en Da Nang para salir al otro día a continuar la gira con el general, pero esta vez los destinos serian Chu Lai, un base de caza-bombarderos en la costa, donde reabasteceríamos para internarnos en la parte central de Vietnam y llegar a Kontum, Pleiku, An Khe y regresar a la base de Phu Cat, también en la costa donde el C-130 recogería el general para llevarlo quien sabe donde.


Arriba
   
MensajePublicado: 13 Jul 2015 15:36 
Desconectado

Registrado: 01 Jun 2015 13:28
Mensajes: 6
Que onda Edy, bienvenido al foro y unicamente la busque como Fantastic Four dentro de videos. Ya tengo lista la segunda parte, pero no he tenido Internet en la casa, asi que no he podido subir las fotos... :? pero ya mero.


Arriba
   
Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema  Responder al tema  [ 2 mensajes ] 

Todos los horarios son UTC-03:00


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado


No puedes abrir nuevos temas en este Foro
No puedes responder a temas en este Foro
No puedes editar sus mensajes en este Foro
No puedes borrar sus mensajes en este Foro
No puedes enviar adjuntos en este Foro

Ir a:  
cron
Desarrollado por phpBB® Forum Software © phpBB Limited
Traducción al español por phpBB España