RATONES DE HANGAR

Para la Discusión, Divulgación y Conservación del Patrimonio Histórico Aeronáutico Uruguayo e Internacional en Poder de Nuestro País
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 Asunto: ***Baraka***
MensajePublicado: 04 Jun 2016 18:04 
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Ubicación: Punta Carretas
***Baraka***

Alguna vez leí, no recuerdo en que medio, un artículo periodístico referente a una antiquísima tradición de los pueblos árabes del norte de Africa, acerca de una fuerza natural o quizás un don proveniente de los dioses, al que llaman Baraka.
Esa fuerza, o ese don consiste en una racha de suerte “providencial”, que recae sobre ciertos individuos, en oportunidades totalmente imprevisibles y sin que estos tengan ningún mérito especial o hayan actuado de una u otra forma para merecerla.
Baraka llega y también se va, sin razones aparentes.
El sujeto temporalmente beneficiado por esa extraordinaria y caprichosa suerte nunca sabrá como ni porqué fue que llegó, ….ni cuanto tiempo va a durar la racha afortunada.
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Una noche cualquiera del invierno de 1979, en que yo transitaba con mi auto por el barrio de Pocitos de regreso a mi casa, sin ninguna razón en especial, decidí detenerme a comprar cigarrillos en cierto café muy conocido de la esquina de Avenida Brasil y Benito Blanco.
Estacioné mi antiguo BMW 309 de1936 frente al local, y entré al amplio salón, que esa noche se veía bastante concurrido. Era corriente que a la hora en que terminaba una función en el cine Pocitos , ubicado a poco más de una cuadra de allí, buena parte de los espectadores estiraran la noche y combatieran el frío, bebiendo allí una copa o un café caliente.
Fui directo al mostrador y pedí una cajilla de Master. Pagué en la caja, y cuando ya caminaba distraídamente con la vista baja hacia la salida, mientras tiraba de la fajita de celofán del paquete para extraer un cigarrillo, me sorprendió y llamó mi atención, un ruido de vidrios o loza rompiéndose contra el piso de baldosas, del otro lado del salón. Del lado de las ventanas que daban a la avenida. Al mirar instintivamente hacia donde había venido el ruido, ví que en una de las mesas cercanas al punto donde se acababa de romper contra el suelo un pocillo de café, estaba sentado Gustavo, uno de mis amigos de los tiempos de preparatorios de ingeniería en el IAVA.
Yo no estaba apurado por irme a mi casa y resolví que bien podía sentarme a conversar unos minutos con mi antiguo compañero de estudios.

- ¡Pero que casualidad! Hace unos días que estoy pensando en llamarte por teléfono porque el sábado pasado en Maldonado vi algo que te puede interesar - dijo Gustavo, a tiempo que hacía una seña para llamar a uno de los mozos.
Pedimos dos ginebras y mientras el mozo iba por el encargue, mi amigo procedió a enterarme de algo que había visto el fin de semana anterior, en una ida a Punta del Este por razones de su trabajo.
-El sábado de tarde, de regreso a Montevideo desde Maldonado, cuando la Onda bajaba por Avenida España hacia la Rambla, yo estaba parado en el pasillo, acomodando mi portafolio en el maletero. Por una de las ventanillas de adelante ví un Cisitalia blanco de capota negra, estacionado en el jardincito de una casa, atrás de un portón de chapa, con una lata de aceite sobre la lona de la capota. No estoy seguro a cuantas cuadras antes de doblar por la Rambla, pero debió ser más o menos a la altura de la curva larga que hay llegando a Las Delicias. Fue una casualidad, porque si no hubiera estado parado en el pasillo, probablemente no lo hubiera podido ver-
-¿Estás seguro de que era un Cisitalia….? ¿No te habrás confundido con una de esas “ batatas” de Simca Sport que no valen nada¿ - Pregunté yo, interesado, pensando en Bernardo, el italiano coleccionista que unos meses antes me había comprado mi cabriolet Alfa Romeo 2500 del 47 a cambio de un interesante “ Puñado de dólares”. Un buen puñado de billetes verdes de cien. Como en el título de un spaghetti western de 1964, con Clint Eastwood de protagonista.
-El ómnibus iba bastante rápido en la bajada. No tuve tiempo de verlo bien, pero tenía los dos agujeros laterales de ventilación en el guardabarros delantero, la careta ovalada de barras verticales y las ruedas de rayos con mariposas. Tenía que ser un Cisitalia. – Afirmó Gustavo con seguridad.
Gustavo era uno de esos “tuercas“ que viven comprando revistas Classic Cars y Colector Cars . Sabía bastante de autos deportivos.
-Bueno, si estás seguro que era un Cisitalia y estaba a la venta, me interesa para un nuevo cliente que tengo. Uno de estos días voy a ir hasta allá a ver si lo encuentro….. – ……Y decíme .¿Si hago negocio, te sirve un 10 % por el dato¿ - Pregunté yo.
-¡No jodas Humberto¡ Si vos te ganás unos pesos yo quedo contento y a lo sumo me vas a deber una de Ginebra Bols, pero de las de verdad.¡ … ¿ Somos amigos o latas de querosén? - dijo Gustavo risueño, golpeando con el Zippo sobre el servilletero de acero inoxidable que estaba sobre la mesita, para producir un sonido a lata.
Lo de las latas de querosén era una vieja chanza que habíamos “heredado” de su padre, quien en realidad se había ocupado de vender esas latas, durante los años de la Guerra.

No perdí tiempo. La mañana siguiente, viajé en la Onda a Maldonado, con todo el dinero que tenía disponible en ese momento y con un imán en el bolsillo, para poder comprobar la clase de chapa que pudiera existir, bajo la pintura del auto.( Una “calamita”, como me había enseñado el italiano Bernardo )
.Cuando el ómnibus de Onda llegó a Las Delicias ya eran las diez de la mañana. Garuaba finito, hacía bastante frío y soplaba un molesto viento del este que solo prometía más mal tiempo para la tarde.
El GMC dejó la ruta y sin detenerse en la parada frente a la estación de servicio de la Esso, dobló a la izquierda por Avenida España, hacia Maldonado.
Yo iba observando por las ventanillas, a ambos lados de la calle, atento a descubrir el auto que me había descrito Gustavo.
La avenida estaba totalmente desierta. Nada de autos, nada de gente. Ni siquiera un perro vagabundo olfateando en busca de comida en las latas de basura. Parecía que en esa zona no vivía nadie. Como si la avenida por la que circulaba el ómnibus fuera la escenografía de una de esas películas de cine catástrofe, en las que un pueblo ha sido abandonado después de un ataque con una bomba nuclear.
Cuando el Onda ya había recorrido más de diez cuadras en dirección a Maldonado, me empecé a poner “ansioso”, sospechando que habíamos pasado de largo por el lugar donde Gustavo había dicho que estaba el Cisitalia.
Le pedí al guarda que detuviera el ómnibus allí mismo, y me bajé en cuanto paró. Bajé pensando en retroceder a pié hacia la ruta por la que habíamos llegado. Caminar buscando en las calles laterales y en los jardines de las casas, entre los árboles.
¡Mal tiempo para andar caminando bajo la fina llovizna helada por los suburbios de una ciudad del interior , en busca de un auto entrevisto desde arriba de un ómnibus. Un auto “viejo” que tal vez estaba en venta, quizás ya se había vendido o en el que alguien había apoyado sobre su techo, casualmente, una lata cualquiera, por cualquier razón¡
Sorpresivamente, a unos diez metros de donde yo había bajado de la Onda, ví a un hombre parado frente a una de las casas de la cuadra. Cubierto con un Montgomery largo de paño gris oscuro. Alto y flaco, de bigote rubio y gorra de pana negra con visera. Fumaba un cigarrillo apoyado en el portoncito que se abría en el muro de bloques de una de las tantas modestas casitas que aún sobrevivían en la zona, en esa época previa a la modernización de Maldonado.
El flaco estaba fumando un pucho armado con chala, que le colgaba de los labios. Tenía una pierna displicentemente enganchada en la reja metálica del portoncito de garaje, revestido de chapa galvanizada gris, casi del mismo gris del Montgomery que el flaco llevaba puesto. Las manos en los bolsillos. Pinta y actitud de “guapo” de película argentina de los 40 , o de vago de pueblo… y ropa demasiado nueva y cara, para su pinta….
- Disculpe que lo moleste señor.- dije yo intentando ser amable.- Ando buscando un autito blanco de capota que un mío amigo vio hace unos días en venta por estos lados. ¿Usted por casualidad me podría ayudar ¿ -
El flaco me estudió, con el puchito marrón colgando de un costado de la boca. Sin mover un músculo. Después, aparentemente no muy satisfecho por mi aspecto, respondió con desgano. – Si es un Fiat convertible lo que andás buscando, es mío y está para la venta-
-¿Un Fiat ¿ - Pregunté desconcertado .
-Si, un Fiat Sport .del 50 .... y lo estoy vendiendo al contado en 3.500 pesos – Dijo el flaco. Acentuando la cifra del precio, como para que yo fuera entendiendo que ese auto estaba lejos de mis posibilidades, y no lo molestara más.
El flaco me habría visto bajar de la Onda. Yo iba vestido con mi “uniforme de trabajo”, unos vaqueros gastados, un buzo de lana gris algo descolorido y un gamulán con roce en las mangas que evidenciaba haber tenido mejores tiempos. Artimañas de comprador de autos usados….
- Bueno, capaz que es el auto que me comentó mi amigo. ¿Puedo verlo ¿- Pregunté intentando parecer un modesto “grillo”. Un “ingenuo” y humilde revendedor de autos
usados.
- Si, claro,- dijo el flaco moviéndose a un lado, con muy poco entusiasmo.
- Ahí tenés al Fiat .-


Un Cisitalia del 50


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El Cisitalia blanco había estado oculto a mi vista, en buena parte por el murito de bloques y el portoncito entreabierto .También por el abrigo del flaco.

“ Estoy seguro que es un Cisitalia”, había afirmado mi amigo Gustavo.
Tenía razón. Un “piccolo“ cabriolet 202 Cisitalia del 50. Justo lo que me había encargado especialmente Bernardo, el italiano del Alfa.
En el centro de la curva frontal del capot, a cinco centímetros por arriba de la parrilla de la careta le habían injertado una pequeña insignia moderna, de metal brillante con un centro esmaltado en rojo y con las letras FIAT. Quizás un accesorio de un 124 de los del 70

¡El flaco probablemente no sabía bien que cosa era un CISITALIA y seguro que pensaba que era mejor seguir con el “verso” del Fiat Sport , como argumento de venta ¡
Un Fiat era algo conocido por cualquiera. Una marca de prestigio mundial.
En el 79 no estaba Internet para “avivar” despistados. Las revistas técnicas al estilo Price Guide había que ir a comprarlas a Buenos Aires.
-¿ Me podés mostrar el motor? - , Dije yo nervioso, abandonando el tono humilde y tuteándolo por descuido.
El flaco sin mucho entusiasmo empujó el portoncito para darme paso , se agachó, abrió la puerta izquierda y metió la mano bajo el tablero. El liviano capot del cabriolet hizo ruido de traba y dio un saltito quedando entreabierto. Sin poder contener mi ansiedad lo abrí todo rápidamente.
Montado sobre un puente de acero con perforaciones circulares que atravesaba el compartimiento y estaba asegurado a la estructura de tubos de acero soldados , estaba el motor original Fiat 1100 Especial, con su tapa de válvulas de aluminio fundido que lucía grandes letras de relieve pintadas de rojo C I S I T A L I A.
-¿Ves , lo que te dije ¿ - Preguntó el flaco . – Un Fiat 1100 Sport, con su motor especial modelo Cisitalia.-


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Un motor cuatro cil. De 1100cc con su refinado sistema de lubricación

“Si , claro , flaco bandido, pensé yo. ¡Lindo “Fiat Sport”, de carrocería aerodinámica de aluminio diseñada por Pinín Farina . Con estructura portante de jaula de tubos de acero soldados. Dos carburadores Weber y bruto tanque de aceite con su sofisticado sistema de enfriamiento por radiador ¡”
Por supuesto que no dije nada. El flaco estaba encantado de mostrarme su “Fiat Sport “ y yo ansioso de comprar inmediatamente ese valioso Cisitalia casi idéntico al del Museo de Arte Moderno de New York ….y ¡ Por 3500 pesos ¡
. Unos seiscientos dólares. La mitad de lo que yo tenía en ese momento en el bolsillo de mi viejo vaquero Lee.
Le pedí al flaco que encendiera el motor, solo para hacerme el desconfiado y así disimular mi interés en el auto. Aunque el cigüeñal estuviera partido al medio o tuviera una biela de menos, yo igual le iba a comprar su “Fiat Sport “…pero no quería que el flaco se me avivara de que el precio que estaba pidiendo era una burrada.
$ 3.500…. ¡Lo mismo yo le pagaba $ 7.000, y seguía siendo “ terrible “ negocio para mi.
El “ Italiano “ iba a soltar unos buenos 6.000 .dólares por ese auto….y bien contento.!!
El motor arrancó perfectamente y ronrroneó como un gato gordo echado frente a la estufa de leña. Ruido a metales correctamente ajustados, girando felices en su correspondiente baño de aceite … y nada de vibraciones. Un clásico cuatro cilindros, 1100 cc. sano y feliz.
El flaco apagó el motor , un poco de humo azúl quedó flotando en el jardincito

Intentando no demostrar demasiado interés, di una vuelta alrededor del Cisitalia como acariciando las curvas de la carrocería. Con la “calamita “ escondida en la palma de mi mano.
El imán no se pegaba por ningún lado hasta que llegué a la tapa del baúl. Buena parte de la trasera, hasta el borde de la carrocería donde se fijaba la capota, en algún momento del pasado había sido bien reconstruida y masillada. Pero lamentablemente con chapa de hierro.
No dije nada.
Esa reparación hecha con un material incorrecto era un problema, pero yo sabía que el italiano no se iba a asustar por ese detalle. El me había contado que en su taller de Parma tenía a sueldo a un veterano chapista húngaro, que de joven había trabajado varios años para los alemanes de la Luftwaffe, reparando aviones de caza acribillados a balazos. “El gitano“ es un mago moldeando a mano y soldando la chapa de aluminio.“ Había dicho Bernardo.

El “Fiat“ blanco del flaco estaba matriculado en Pan de Azucar.
- ¿Si yo te pago los tres quinientos ahora mismo, me lo llevo y te dejo otros mil para que me lo hagas transferir a mi nombre, vos me podes mandar la libreta de propiedad a Montevideo la semana que viene ¿ - Le pregunté al flaco .
Me miró desconcertado. No terminaba de asimilar la idea de que se había engañado con mi disfraz de pobretón y mis tímidos modales . Y que yo no era el simple curioso que solo quería hacerle perder su tiempo, como el había supuesto.

Cerramos el negocio. El flaco con los cuatro mil quinientos en el bolsillo perdió su “aire” despectivo. Se puso obsequioso. Me aseguró que no había problema, que el conocía a un gestor de Maldonado que trabajaba en la Intendencia y que le sacaba la transferencia rápidamente. El “Fiat” estaba a nombre de un veterano amigo suyo de Pan de Azucar, que se lo había comprado muchos años antes a un señor adinerado dueño de una fábrica de Empalme Olmos, que era aviador, quien lo había comprado en el 50 de nuevo, en Emilio Fontana . No iba a haber problemas con los papeles que estaban “limpitos”, sin deudas. El mismo,( El flaco ) , que trabajaba en Onda y viajaba casi todos los días a Montevideo, me los iba a alcanzar en unos pocos días, a donde yo le dijera .
………………..No, el no recordaba el nombre del aviador que había sido el primer dueño del Fiat.
A mi , aquella sospechosa reparación de la trasera del auto con chapa de hierro me había traído recuerdos de una historia oída muchos años atrás, sobre un Cisitalia cabriolet , propiedad del Jefe del Grupo de Caza, que un día estando estacionado junto al hangar de mantenimiento de la Base de Carrasco, por el descuido de un piloto del Grupo, que había activado mal los frenos de estacionamiento de su F-51, había sido malamente “agredido“ en su carrocería por la enorme hélice de cuatro palas del avión.

Un F 51 con su agresiva hélice de cuatro gruesas palas….


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Me despedí del flaco, que se deshacía en sonrisas, con los mil pesos de más en su bolsillo. Mil pesos extra, de los que le iba a sobrar una buena “tajada” luego de pagar la transferencia, más el “mordisco” que le aplicaría a su “amigo”, el dueño del Cisitalia, como comisión por la venta.
Llené el tanque de nafta en la estación de servicio de Las Delicias y emprendí el viaje de regreso a Montevideo. El auto respondía bastante bien y no tenía mayores ruidos de carrocería.
Todo iba bien hasta que llegamos al repecho de la Ballena.
Cuando se empezó a hacer sentir el esfuerzo de la larga subida, noté que aumentaban las revoluciones del motor pero al mismo tiempo el auto perdía velocidad. “Patinaba“ el embrague.
Maldije al flaco sinvergüenza que no había sido capaz de advertirme que el disco de embrague estaba en mal estado
Bajé un cambio, a tercera, pero el defecto fue peor que antes. El Cisitalia cada vez se iba quedando más sin fuerzas. El embrague resbalaba mucho y empezó a emitir humo y un fuerte olor acre, a aceite y amianto caliente.
Con la caja engranada en primera apenas si avanzaba y el humo se ponía cada vez peor. Tal vez no se trataba solo del disco gastado. También parecía haber una fuga de aceite por el reten de la bancada trasera, hacia el mecanismo de embrague, fuga que aumentaba a causa del ángulo de “trepada” impuesto por el repecho.
No había llegado ni a la mitad de la prolongada subida.

Un mediodía de invierno. La ruta estaba desierta. No podía contar con que alguien pasara y se prestara para auxiliarme remolcando el auto hasta la cumbre del repecho.
En ese tiempo no existían ni los celulares ni los teléfonos de ruta. El Automóvil Club tampoco era una opción en el 79 y lejos de Montevideo. No podía contar más que con mis conocimientos, mis propias habilidades y …con algo de suerte.
Con muchas precauciones procedí a hacer que el Cisitalia realizara un giro de 180º sobre la ruta, apuntando con la trasera hacia la subida. Bajé la capota para lograr más visibilidad que la que había a través de la minúscula luneta trasera. Engrané la marcha atrás y aceleré el motor
Al principio el disco de embrague siguió patinando más o menos como antes, pero casi enseguida el auto se empezó a mover avanzando por el repecho, lentísimo pero subiendo.
¡Aún para un mediodía de invierno en 1979 fue una locura manejar en marcha atrás como un kilómetro de carretera Interbalnearia , en subida,…. pero funcionó ¡
Cuando llegué arriba del “lomo de la Ballena”, otros cuidadosos 180 º , capota nuevamente cerrada y .hacia Montevideo a unos razonables 65 kmh..

Unas semanas después ,el cabriolet Cisitalia blanco se reunía con un roadster Morgan 4/4 del 48, semi desarmado y otro Cisitalia, un coupé rojo , dentro de un container de 20 pies, artesanalmente acondicionado en su interior con una rampa de madera de cajones a la medida de los tres autos . Un trabajito rápido, hecho con la ayuda de mi amigo Daniel , el chapista , en la propia explanada adoquinada del Puerto de Montevideo.

En los días posteriores al “ferry “ del Cisitalia blanco, estuve bastante atareado organizando todo lo pertinente a la exportación de los tres autos y no me pude ocupar de cumplir con la entrega de la Ginebra Bols que le había prometido a mi amigo Gustavo.
Me esperaba una sorpresa trágica. Cuando al fin terminé con el despacho, la carga y el embarque, y el cuando el container ya estuvo a bordo del buque que lo llevaba para Italia, quise cumplir con lo comprometido. Recién entonces me vine a enterar que mi amigo Gustavo había fallecido el día siguiente al de nuestro encuentro nocturno en el café de Pocitos, a causa de un repentino accidente vascular.


1 ) Mi amigo Gustavo había avistado por “casualidad” al Cisitalia , desde arriba de un ómnibus que circulaba frente a la cochera donde estaba depositado el auto. Yo había entrado de noche a comprar cigarrillos en un bar ubicado lejos de mi casa y…por “casualidad” cuando ya me iba, alguien había hecho caer al piso un pocillo de café que al romperse me había llamado la atención y me había hecho mirar hacia donde estaba sentado Gustavo.
Gustavo había dicho que tenía pensado llamarme por teléfono “uno de estos días “, pero no hubiera podido hacerlo porque solo unas horas después, tenía una “mala cita” que con seguridad el no podía prever . Yo había bajado del ómnibus en la desierta entrada a Maldonado, por “casualidad”, justo a metros de donde estaba parado bajo la llovizna el vendedor del Cisitalia , quien “casualmente” había salido de su casa por unos minutos a fumarse un cigarrillo porque adentro estaba su esposa , atacada de asma.

2 ) En cierta oportunidad, cundo yo iba remolcando un antiguo auto de carreras en medio del campo de la provincia de Entre Rios, un domingo de invierno, tarde por la noche con mi amigo Bernardo y había tenido un reventón de una cubierta de medidas inusuales…Habíamos parado frente a una gomería en plena ruta, “casualmente” abierta, en medio de un bosquecillo de eucaliptos,…donde por “casualidad” había un juego de gomas de esa medida muy poco común.

3 ) Una tarde en que yo regresaba de una misión de transporte al norte del País, piloteando un avión de entrenamiento AT- 6 y mientras sobrevolaba un terreno áspero de zanjas y pedregales, lejos de cualquier camino o cualquier lugar apto para un aterrizaje de emergencia, se me había terminado el combustible y por “casualidad” había encontrado el único terreno arado y plano existente en muchas millas alrededor, donde había podido aterrizar sano, salvo y con el mínimo de daños para el avión.

Aquel AT- 6 del aterrizaje de panza, una vez reparado y en OV.

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4 ) Durante un desastroso aterrizaje en un aeródromo del interior con la pista anegada e inoperable, el avión de transporte bimotor C -47 que yo piloteaba había terminado rompiendo ambas piernas de su tren de aterrizaje y cayendo al final del recorrido sobre la pista inundada, con los caños de escape ardientes de ambos motores, directamente arriba de un enorme charco de nafta de aviación que brotaba de los tanques de combustible destrozados en el accidente.
“Casualmente” no había habido ni fuego ni una explosión. Todos los tripulantes habíamos resultado ilesos.

El C- 47 Aún “ nadando “ en nafta cuatro días después del accidente

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5 ) Hace unos años yo estaba empeñado en la restauración de un Cadillac 47 convertible con el que tenía expectativas de venta a muy buen precio. El Cadillac había estado abandonado por varios años en un mugroso galpón de la calle Guadalupe, a metros de Garibaldi. Entre las partes que le faltaban estaba el motor, uno de los arcos de la capota , los dos asientos, los instrumentos de tablero, las tazas de ruedas, uno de los paragolpes ,el radiador y los faroles traseros. La careta era una lata abollada y mal recortada

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Casi chatarra, pero un buen chapista y un dueño con un poco de “Baraka” lo salvarían

En esos días, cuando encaré la reconstrucción, un amigo y ex camarada de la FAU que vivía en Lagomar, “ casualmente” se entró de lo que yo necesitaba y sin demora me avisó que “casualmente” el sabía de un sedán Cadillac del 47 que estaba abandonado hacía varios años, en la cuneta de una calle en las cercanías de su barrio.
Compré el sedán abandonado cuya carrocería estaba casi destruida por el óxido del aire marítimo. Resultó que el motor V 8 de ese auto ¡! nunca había sido puesto en marcha!!
Era un motor nuevo, importado de USA por el anterior dueño del sedan quien lo había llevado junto con el auto, a un mecánico de la zona para que lo instalara en su coche.
El propietario del sedán había enfermado antes que se terminara con el trabajo y había muerto. La viuda no había querido saber nada de pagar el trabajo del mecánico…ni del auto, al que odiaba y no quería volver a verlo.


Un Cadillac 47 sedán como fuente de repuestos para el convertible
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El mecánico se había jubilado y había liquidado su taller. El Cadillac había terminado semienterrado por años en una cuneta de arena salada que los días de lluvia era un verdadero arroyo.
El hijo del mecánico me había vendido a mi los “restos” del Cadillac, previo retirarle las viejas chapas de matrículas para cubrir su posible responsabilidad.
“ Casualmente” además del motor 0 km., dentro del sedán estaban los asientos y los respaldos con su tapizado estropeado por la humedad, pero perfectamente recuperables. Estaban ambos paragolpes con su cromado de fábrica muy sucio pero perfectamente sano, ambos faros traseros, que eran unos largos óvalos de perfiles de bronce cromado con cuatro juegos de grandes cristales moldeados de vidrio rojo. Solo fue necesario desarmarlos y darles un buen lavado. El radiador no había sido afectado por el óxido. No perdía ni una gota de agua. Era de los de bronce estañado. La careta nunca había llevado un golpe y solamente tenía un rinconcito atacado de óxido superficial. Las enormes tazas de rueda modelo “sombrero mexicano” eran de acero inoxidable. Estaban sucias nada más. Los frentes de los instrumentos del tablero y el enorme panel de bronce cromado de la radio, estilo Art decó, no tenían mas que un poco de verdín y una película de suciedad que ocultaba el brillo del grueso baño de cromo excedente de guerra, que la GM había derrochado generosamente en su modelo más lujoso de la línea de mayor precio de post guerra.
¿Que faltaba para completar aquel “full clasic” de Detroit ¿… El arco trasero de la capota de un convertible, el enorme filtro de aire en baño de aceite y el mecanismo de avance neumático del distribuidor, que el mecánico nunca había llegado a instalar y se habrían perdido con el cierre del taller.

“ Casualmente” unos meses antes yo había adquirido un abundante lote de repuestos usados surtidos, que tenía en venta la viuda del dueño de una casita de repuestos y surtidor de nafta de Av. Italia y Comercio.
En ese lote de repuestos usados varios, y cachivaches diversos que fui vendiendo a lo largo de años, “casualmente” había un arco de capota para un convertible americano, de repuesto, con el empaque de cartón marrón encerado de fábrica. Era un arco trasero de capota en madera de roble barnizada , con los sólidos punteros de planchuela cromada …. de un convertible Cádillac 46 / 47 . ¡!!
Una mañana de domingo estacioné mi Ford Del Rey en la calle Gaboto casi Cerro Largo. Caminé hasta la esquina de Cerro Largo y lo primero que me llamó la atención al llegar a donde comienza la feria de Tristan Narvajas fue una loneta roja que un jovencito pobremente vestido y no muy “ prolijo”, tenía extendida sobre la vereda de la esquina y donde “casualmente” tenía para la venta , algunas pilas para radio portátil , un par de llaveros usados de auto, un reducido número de afeita bic… y ¡!! Un filtro de aire con baño de aceite para un motor V 8 de Cadillac o similares, en bastante buen estado¡!

Poco más tarde, una vez que puse en marcha el motor de mi “flamante” clásico, advertí que el gran V 8 de tapas planas, no respondía de forma tan ágilmente como se podía esperar de sus 150 HP y su impecable estado de salud.
Cuando se lo aceleraba bruscamente, le costaba subir de RPM. El problema , sin dudas debía radicar en la falta del mecanismo de avance automático del distribuidor.
Teniendo presente un consejo recibido mucho tiempo antes de mi padre, me presenté en el local de ventas de Livio, una antigua empresa importadora de repuestos de la calle Cerro Largo.
Mi padre, que fue vendedor de repuestos por mucho tiempo, siempre que yo necesitaba alguna cosa para un añoso automóvil originario de USA, me recomendaba que fuera a verlo a su amigo Martinez , uno de los mas veteranos y conocedores del oficio, dentro del gremio de los vendedores de repuestos.
Crucé el amplio salón de ventas lleno de vitrinas donde se exhiben toda clase de herramientas y partes de autos.
Martinez, el amigo de mi padre, estaba parado atrás del mostrador en un sector donde existía una especie de pequeña vitrina. Me vio y me saludó, haciéndome señas de que me aproximara. Nos dimos las manos y luego de preguntarle por su familia, le expliqué que era lo que yo andaba buscando.
Estábamos en 1999. Los repuestos para esos “dinosaurios “ devoradores de nafta con enormes cajas de cambios automáticas y motores de tanques de guerra que eran los Cadillac, los Pontiac, los Lincoln y los Packard de fines de la década del 40 y comienzos del 50 , eran cosa del pasado. Nadie podía esperar que una casa de repuestos moderna conservara un stock de fierros invendibles, a la espera de un raro cliente apegado al pasado y dispuesto a gastar su dinero en ellos que entrara a comprar algo.
Martinez me miró. Sonrió como sobrándome y agachándose apenas, extrajo de uno de los estantes de aquella vitrinita, un automático de avance para distribuidor Delco Remy de ocho cilindros, en su embalaje original GM.

Un Cadillac convertible del 47 que es un clásico y la “modelo” de la foto que es hija de un clásico


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6 ) ……………..

7 ) ……….
…Y podría seguir llenando varias carillas mas de similares “ casualidades”….

¿ Solo una larga serie de “ Casualidades “ o …Baraka .?

Humberto Junio de 2016


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